4 de septiembre de 2007

Hay cosas que no se olvidan...


... Y una de ellas es juntar letras en esta pequeña ventana al mundo. Pero a partir de hoy, ya no será en A escondidas. Desde este momento, buscadme aquí.

Y, si queréis ver dónde me escondo ahora, probad aquí.

2 de junio de 2007


Casi año y medio en la red, 184 entradas, 63.000 visitas... Fríos números para definir la historia de este blog en el que hoy pongo el punto y aparte. Un poco por cansancio, otro poco por falta de ilusión, un poco porque esto, que empezó siendo un regalo para alguien y ha acabado siendo mucho más, se ha colado demasiado en el lado visible de mi vida.

No sé si será definitivo; quizá vuelva dentro de un tiempo, no necesariamente aquí, puede que en otro blog donde hable de otras cosas. Tampoco desaparezco; ahí queda mi correo, y todo lo que he escrito hasta ahora, y, mucho más importante aún, queda toda la gente que he conocido gracias a este espacio; personas maravillosas y también algún indeseable, y algunos que han dejado su huella para siempre.

Un abrazo a todos y espero que volvamos a encontrarnos.

Foto: Elisabetta Moschetto

30 de mayo de 2007

Una frase


Hoy me hacía falta leer una frase como ésta. Gracias a ti que me la has enviado.

Hay personas que nos hablan y ni escuchamos,
hay personas que nos hieren y no dejan ni cicatriz,
hay personas que simplemente nos marcan para siempre.


Cecilia Meireles, poetisa brasileña






Mañana


Mañana
te esperaré en el hotel de siempre,
tendida sobre la cama,
sin llevar nada más
que esa lencería que te gusta,
con mis juguetes en la mesilla,
una sonrisa en los labios,
el deseo en todo el cuerpo,
una caricia vibrando en las manos.

¿Y tú, qué traerás?

¿Qué quieres que hagamos hoy?

Foto: Angelicatas

28 de mayo de 2007

Saberlo todo



La noche
se hizo para mirarte
mientras duermes
y admirar tu quietud, con ternura,
decirte cosas al oído,
saber que estás en paz.
Saber que amarte
es saber todo.

Manu Cáncer

Foto: Bulent Erol

22 de mayo de 2007

Bajo la piel


Ojalá pudiera llevarte tatuado...

17 de mayo de 2007

Amistades



Entre un hombre y una mujer no hay amistad posible. Hay amor, odio, pasión, pero no amistad.

Oscar Wilde, El abanico de Lady Windermere

Foto: Eugueny Kozhevnikov

12 de mayo de 2007

Sábanas de seda


Sólo hace unas horas que te has ido. Aún huelen a ti las sábanas húmedas, el aire del cuarto, mi cuerpo relajado.

Te recibí como me pediste. "Con las medias negras, depilada..." Antes de que vinieras preparé el escenario para ti. Puse sábanas de seda, esas que no uso casi nunca. Me bañé con esmero, me depilé por completo. Sábanas suaves, sexo suave. Esperé tras la puerta sin nada más encima que mis medias y unas gotas de perfume. El deseo traslucía en cada poro de mi cuerpo. Cuando te vi entrar te habría pedido que me penetraras allí mismo, en un frío pasillo, arrinconada contra la pared.

Pero la cama recién hecha era un campo demasiado tentador para desperdiciarlo: te conduje hasta él casi en volandas. Ante el lecho dispuesto me abrazaste, me besaste, sentiste toda mi ansiedad concentrada en mi lengua y en mis manos que abrían el cierre de tu pantalón para certificar tu propio deseo.

Esperé en la cama, tendida boca abajo, a que terminaras de desnudarte. Tu cuerpo sobre el mío encontró el acomodo que tan bien conoce, tu lengua en mi espalda dibujó los arabescos que me vuelven loca, tu sexo se apoyó en la entrada del mío buscando el camino que nos lleva fuera de nosotros.

-Vuélvete, quiero mirarte.

Obedezco y me vuelvo boca arriba para que tú, acomodado entre mis piernas, me explores mientras yo, con los ojos cerrados, disfruto de las sensaciones, sin saber por dónde vendrá la próxima: si me darás tus dedos para que te los lama, si tus dientes apretarán mis pezones justo hasta el límite del placer, si tu lengua bajará por mi vientre hasta ese sexo suave cuyos hinchados labios ya te esperan abiertos. Ahí te entretienes, mientras con los dedos exploras mis rincones más íntimos, tímidamente al principio, decidido después cuando sientes que no opongo resistencia. Mis dedos se entrelazan en tu pelo, mis gemidos amenazan con alarmar al vecindario, pero no quiero llegar tan lejos aún...

Te hago parar y tumbarte boca arriba y ahora soy yo la que se acomoda sobre ti, jadeando de deseo, ansiosa de hacerte tantas cosas que no sé por dónde empezar. Ofrezco mis pezones a tu lengua ansiosa, sólo para volver a quitártelos y recorrerte yo misma con mis labios, dejándote un rastro de saliva, besando, lamiendo, casi devorando. Mis pechos se encuentran con tu sexo, lo acomodan, lo acunan, lo sienten palpitante: deseoso de mi boca que ávida lo acoge, lo traga hasta donde puede, lo viste de saliva, lo deja dispuesto para el siguiente asalto: de súbito me incorporo, me arrodillo sobre la cama, cruzo los brazos sobre la almohada. Así ofrecida, tu sexo tantea mi humedad como un pincel mezclaría una acuarela, suavemente y rozando... y de pronto se clava en mí casi con violencia, hasta el fondo, arrancándome un grito... sigues entrando y saliendo, no resistes la tentación de darme unas palmadas en las nalgas que recibo con gemidos ahogados... y de pronto todo se para.

Pero no, no te has detenido. Ahora son tus dedos los que me penetran. Cuántos, no lo sé. Salen, entran, su roce y el choque con las paredes de mi vagina están a punto de enloquecerme. Llega un momento en el que no sé dónde estoy. Me corro una, dos, tres veces. Chorreando muslos abajo, empapando las sábanas de seda. No lo soporto más y a la vez querría que no acabara nunca. La almohada sofoca mis gritos y de pronto me echo a llorar de puro placer.

Durante un rato no soy dueña de mi cuerpo. Es como si fueran de otra mis movimientos, mis latidos, el río que me baja entre las piernas. A mi lado, me acaricias y me acunas, casi sorprendido a pesar de las muchas veces que me has dado esa pequeña muerte con tus manos. Vuelvo a ponerme boca arriba y te pido que me penetres de nuevo, con delicadeza esta vez, meciéndonos juntos, mirándonos a los ojos y abrazándonos. Dándonos las gracias por estos pequeños milagros.

Fotos: Angelicatas, Barbara Bodnik

10 de mayo de 2007


La distancia no siempre es cuestión de kilómetros.

Foto: Jarda Balek

8 de mayo de 2007

Vanidades


Bien, pues ya está próximo el anuncio del ganador de la Edición 2006 de los Premios 20Blogs, que tantos ríos de tinta (perdón, bytes) ha hecho correr por la blogosfera. La verdad es que este año me parece que se han lucido, con eso de que sólo puedan votar los propios inscritos (y la consecuencia inevitable de spameos, intercambios y demás), y encima, los finalistas han sido elegidos sin tener en cuenta las votaciones en cuestión, entre fuertes rumores de amiguismo por parte del jurado. En fin, estas cosas son así. Yo en su momento me presenté "a ver qué pasa", porque, de hecho, aunque me hubieran dado un premio no habría podido ir a recogerlo, pero me queda el pequeño orgullo de haber ido la primera durante unos días... cosas del orden alfabético, imagino. Mis felicidades a LadyBourbon, una de mis enlazadas, por haber conseguido estar entre los finalistas. Y a mis otros candidatos enlazados, no os preocupéis, que el año que viene lo volvemos a intentar...

Por otro lado, y hablando de vanidades, un pequeño mensajito a ciertas blogueras que se pasan por aquí... arramblando lo que pueden. La licencia Creative Commons de ahí al lado no está de adorno: si alguien quiere copiar algo de aquí en su sitio, por mí encantada, pero por favor haced constar de dónde lo habéis cogido, no como esta criatura que en dos entradas me ha copiado tres post míos. (Gracias a Copyscape por localizarla.) Que no sé si os lo enseñaron en el colegio, pero copiar está feo...


Foto: Maxim Kalmykov

4 de mayo de 2007


A veces también llueve por dentro.

3 de mayo de 2007

Lluvia


Hoy llueve.
Los días de lluvia me gustaría pasarlos encerrada contigo
sin salir de casa para nada más que lo imprescindible.
(¿y qué podría ser imprescindible cuando estás tú conmigo?)
Me gustaría ver caer las gotas tras los cristales
y mirar cómo se encierra un pequeño mundo en cada una.
Contemplar por la ventana a lo lejos
los tejados desdibujados por la niebla.
Escuchar el sonido del agua cayendo en las aceras
y el sonido de lluvia de tus besos.
A salvo, en casa y secos
y húmedos del amor que nos llovemos.



Fotos: Yuri Bonder

30 de abril de 2007


Siempre en mi mente, aunque estés lejos.


Foto: Skalabrin

26 de abril de 2007

Sin


Un día sin ti nunca es un día.
Son nada más que veinticuatro horas
con un mismo nombre,
un tiempo de labor,
una jornada,
una parte mínima del año,
la séptima porción de una semana.

Dante Bertini, amorimas

Foto: John Peri

24 de abril de 2007

Pídeme...


-Me encanta saber que siempre estás dispuesta para mí.
-Lo estoy.
-Y que siempre hagas lo que te pido.
-Me gusta mucho que me pidas cosas...
-Ahora querría pedirte algo especial...
-Dime, soy toda oídos.
-Quiero que mañana cuando te vistas te pongas falda y no lleves nada debajo. Quiero que vayas a trabajar y pases así toda la mañana. Sin llevarte las bragas en el bolso.
-Lo haré.

A la mañana siguiente me despierto algo más pronto de lo normal, con la excitación ya hormigueando en mi cuerpo. Me ducho, me pinto, abro el armario para el ritual de la elección de la ropa. Me decido por una blusa blanca y una falda gris. Como ya hace calor, prescindo de las medias. Abro el cajón de la ropa interior, echo un vistazo. Quizá hoy me habría puesto unas bragas de encaje rosa que me gustan mucho. Vuelvo a cerrar el cajón.

En el ascensor, me encuentro con mi vecino de enfrente, un hombre mayor que yo con el que suelo coincidir por las mañanas. No me cae bien. Normalmente no nos decimos más que buenos días y hoy no es una excepción. Le miro de reojo, atenta a su expresión. La misma de siempre.

Al salir a la calle me saluda un soplo de brisa. Mentalmente agradezco que la falda sea de un tejido algo pesado; tengo la impresión de llevar escrito en la frente que no hay nada bajo ese tejido. Siento la desacostumbrada sensación del roce de la tela contra las caderas; los muslos se deslizan entre sí de una forma distinta.

El trayecto hacia la parada del autobús es breve, pero esta vez lo hago a paso más ligero de lo normal, casi sin darme cuenta. Subo al vehículo, me siento con las piernas cruzadas cubriéndolas todo lo que puedo con la falda. El viaje se hace eterno, pero nadie parece notar nada.

Llego al trabajo. Sigo con la rutina de todos los días, pero a cada momento que pasa mi excitación va en aumento. Temo manchar la falda, la silla, temo que el olor a sexo se haga pronto demasiado evidente. El contacto de la piel con la tela, la humedad creciente... De vez en cuando, si no hay nadie cerca, deslizo una mano por entre mis piernas, siento la calidez del hueco entre ellas, me enciende aún más saber que está así porque él me lo ha pedido.

A mediodía se conecta al messenger.

-¿Has hecho lo que te dije?
-Así es.
-Mete una mano debajo de la falda sin que te vean.
-Lo estoy haciendo...
-¿Estas húmeda?
-Mucho.
-Quiero que me lo demuestres. Así como estás, abre las piernas bajo la mesa. Hazte una foto con el móvil y envíamela.

Miro a mi alrededor. Los compañeros están en sus puestos, aunque tan cerca que sólo con levantarse me verían. La mesa me cubre lo suficiente como para que no se aprecie nada, pero si hago una foto así no tendría luz suficiente. Muevo la silla hasta quedar parcialmente fuera de la mesa, levanto un poco la falda, hago la fotografía. Se la envío. Un instante después suena el teléfono.

-Te has portado muy bien, me encanta la foto.
-Es un placer...
-¿Quieres más placer aún?

Mientras hablamos, me levanto y me dirijo al baño, me encierro. Ahora sí, mi mano libre se cuela entre mis piernas sin ningún impedimento, llega al sexo ansioso, lo acaricia siguiendo la cadencia que me marca la voz al otro lado de la línea, voz que se vuelve jadeante a mi compás, hasta que los dos no somos más que un puro gemido. Me apoyo en la pared, agotada. Aún puedo oírle decir:
-Espero pedirte más cosas...
-Espero poder complacerte...



Foto: Patrick Mangin

23 de abril de 2007


El mayor error que puedes cometer en la vida es temer constantemente que puedes cometer uno.

Elbert Hubbard (1856-1915)

Imagen: Angrymouse, via DeviantArt

23 de abril, una rosa y un libro

Foto: Martin Kovalik

Publicidad de la editorial Szex Plaza


Aunque a mí me gustan ambas cosas cualquier día del año.