30 de diciembre de 2006

Deseos de Año Nuevo



Te deseo primero que ames y que,
Amando, también seas amado.

Y que, de no ser así, seas breve en olvidar
Y que después de olvidar no guardes rencores.
Deseo, pues, que no sea así, pero que si es,
Sepas ser sin desesperar.

Te deseo también que tengas amigos y que,
Incluso malos e inconsecuentes, sean valientes y fieles,
Y que por lo menos haya uno en quien puedas confiar sin dudar.

Y porque la vida es así, te deseo también que tengas
Enemigos. Ni muchos ni pocos, en la medida exacta para que,
Algunas veces, te cuestiones tus propias certezas.

Y que entre ellos, haya por lo menos uno que sea justo,
Para que no te sientas demasiado seguro.

Te deseo además que seas útil, mas no insustituible.
Y que en los momentos malos, cuando no quede nada más,
Esa utilidad sea suficiente para mantenerte en pie.

Igualmente te deseo que seas tolerante;
No con los que se equivocan poco, porque eso es fácil,
Sino con los que se equivocan mucho e irremediablemente,
Y que haciendo buen uso de esa tolerancia,
Sirvas de ejemplo a otros.

Te deseo que siendo joven no madures demasiado deprisa,
Y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer,
Y que siendo viejo no te dediques al desespero.
Porque cada edad tiene su placer y su dolor
Y es necesario dejar que fluyan entre nosotros.

Te deseo de paso que seas triste,
No todo el año sino apenas un día.
Pero que en ese día descubras que la risa diaria es buena,
Que la risa habitual es sosa y la risa constante es malsana.

Te deseo que descubras, con urgencia máxima,
Por encima y a pesar de todo, que existen
Y que te rodean seres oprimidos
Tratados con injusticia, y personas infelices.

Te deseo que acaricies un gato, alimentes a un pájaro
Y oigas a un jilguero erguir triunfante su canto matinal,
Porque de esta manera te sentirás bien por nada.

Deseo también que plantes una semilla,
Por más minúscula que sea, y la acompañes en su crecimiento,
Para que descubras de cuántas vidas está hecha un árbol.

Te deseo, además, que tengas dinero,
Porque es necesario ser práctico.
Y que por lo menos una vez por año pongas algo
De ese dinero enfrente de ti y digas: 'Esto es mío',
Sólo para que quede claro quién es el dueño de quién.

Te deseo también que ninguno de tus afectos muera
Pero que, si muere alguno, puedas llorar sin lamentarte
Y sufrir sin sentirte culpable.

Te deseo por fin que, siendo hombre, tengas una buena mujer,
Y que, siendo mujer, tengas un buen hombre
Mañana y al día siguiente, y que cuando estéis exhaustos
Y sonrientes, aún sobre amor para empezar de nuevo.

Si todas estas cosas llegaran a pasar,
No tengo nada más que desearte.

Víctor Hugo

Os deseo todo eso y mucho más para 2007.
Sed felices

Foto: Christoph Gamper

26 de diciembre de 2006

A oscuras

Me gusta que los momentos que paso contigo estén tenuemente iluminados. La luz que se filtra por las persianas, por las rendijas de las cortinas, la que da una lamparita en la mesita de noche. Me gusta ver la ruta seguida por tus manos, tu lengua tocando apenas mis pezones, tu sexo floreciendo entre mis dedos, tu cara acercándose a mi cara. Me gusta poder verte a cada paso, me gusta que me veas. Me gusta que nos digamos tantas cosas con los ojos como con la piel.

Pero también hay otra cosa que me gusta. Me gusta cuando estoy dormida y, aún en sueños, tus dedos me invaden sin pedir permiso. Tímidos quizá al principio, puede que sólo quisieras acariciarme una mejilla mientras soñaba. Pero no se quedan ahí, bajan por el cuello, recorren la línea de la espalda, relajada después de que la cubrieras de besos horas antes. De la espalda, los dedos pasan a las caderas y recuerdan cómo las apretaban cuando, a horcajadas sobre ti, nos recorrían las oleadas del orgasmo. Quizá se cuelan entre las nalgas, separan las piernas y exploran los labios de mi sexo, arrancándome un gemido, ya no tan en sueños. Probablemente después me des la vuelta, me recorras entera sabiéndome despierta, y a tientas, a oscuras, y sin mediar palabra nos sintamos morir de nuevo en la madrugada...

Foto: Paul Hiller

21 de diciembre de 2006

Un año en la otra parte


Pues sí, hoy hace un año que empecé esta pequeña aventura, sin saber muy bien hacia dónde dirigirla... y sin saber tampoco cuántas cosas iban a cambiar en mi vida en este lapso de tiempo. En este escondite dejo cuando puedo un poquito de mí de la forma que más sencilla me resulta, escribiendo; siempre con la compañía de las imágenes, unas veces detrás de las palabras, otras veces por delante de ellas, inspirándolas. Siempre tengo la página en permanente construcción: me gustan los cambios, probar, coger de aquí y allá lo que creo que puede mejorar lo que ahora estáis viendo. Y aunque esto comenzó como un diario para que lo leyera una sola persona, poquito a poco ha ido haciéndose con unos cuantos lectores fieles, a los que agradezco profundamente que vuelvan de vez en cuando a leer mis pequeñas historias. (¿Reales o imaginarias? Ah, eso es lo bueno, no decirlo...). Y gracias especialmente a ti (tú sabes quién eres) porque si no hubieras entrado una noche por aquí, andando de puntillas, este escondite no sería lo que es ahora, ni en el fondo ni en la forma.

365 besos a todos. Seguiremos escribiendo...



Foto: Lucija

17 de diciembre de 2006

Sólo para eso


A lo mejor a veces crees que te quiero sólo "para eso"...

Pero también te quiero para compartir un café por la mañana.

Te quiero para mirar contigo por la ventana cómo cae la primera nieve del invierno.

Ah, y también para poner mi cabeza en tu hombro si estoy triste y que me seques las lágrimas con la yema de tus dedos.

Te quiero para ver un capítulo de House o para hablar de libros hasta que amanezca.

Para pasarte la mano por el pelo, para beberme tu sonrisa o sufrir con tu silencio.

Ya ves, te quiero tanto, que hasta también te quiero para eso.

15 de diciembre de 2006


Ven, deja que te caliente las manos...


Foto: Yuri Bonder

13 de diciembre de 2006

Si es que no puede ser...


... se pone una a hacer cambios y pasa lo que pasa: quise dejar más bonitos los comentarios, con el resultado de que no se podía comentar en absoluto, y yo toda triste porque nadie me decía nada (con el nuevo Blogger hemos topado...). Así que volvemos al sistema antiguo, ya podéis pasaros por mi escondite y contarme lo que gustéis...

11 de diciembre de 2006

Frío



Hay días como hoy en que sólo puedo sentir el frío.
Ojalá pudiera borrarlos del calendario.





3 de diciembre de 2006


No te conozco, pero
aún tengo en los labios el sabor de los tuyos.

Puedo recordar perfectamente
el tacto de tu piel bajo mis dedos.

Aunque no te conozca
podría situar en tu cuerpo cada lunar y cada pliegue.

También podría enumerar
las formas de darme placer que usarías.

Sabría calcular
el peso de tu cuerpo sobre el mío.

Aun sin conocerte, tengo en la mente
tu forma de cerrar los ojos mientras sueñas.

Y eso que no te conozco.

Y tú, ¿quieres conocerme?




Foto: Norbert Guthier

1 de diciembre de 2006



Siempre llena de ti, incluso cuando no puedo estar contigo...


Foto: Gleb Zverev

30 de noviembre de 2006

Aún


Aún siento el calor del hueco que has dejado en la almohada, y el olor de tu cuerpo en las sábanas revueltas.

Aún suena el eco de mis gemidos en las esquinas del cuarto y puedo ver las marcas de tus dedos en los pliegues de mi cuerpo...

Pero no estás tú a mi lado en la cama.

Aún recuerdo cada suspiro, cada mirada y cada gesto. Recuerdo tus ojos prendidos de mis pechos. Recuerdo tu piel, tus caderas y tu sexo. Recuerdo el beso más delicado y la embestida más intensa.

Aún resbala la humedad entre mis piernas...

Y al levantar la vista te veo sonreír desde la puerta.

Aún nos queda pasión para empezar de nuevo.

27 de noviembre de 2006

Por qué

No sé por qué te quiero, pero creo
que no necesito ninguna razón para quererte.


23 de noviembre de 2006


El sol sale para mí cuando tú me das los buenos días.





Foto: Pascal Renoux

21 de noviembre de 2006

Me pides que te diga...




... lo que haría contigo, si pudiera...

... Si pudiera, pasearía contigo por las calles mojadas, escondiéndonos en los portales para morirnos de deseo en cada beso...

... te contaría al oído lo que sueño por las noches, los pensamientos que mis manos han sembrado por mi cuerpo...

... te daría cada poro, cada vello, me desnudaría para ti pero no sólo de ropa, te entregaría lo que no conoce nadie, a susurros y a gritos te pediría lo que sé que vas a darme...

... y en la luz fría del alba me dormiría acariciándote...

18 de noviembre de 2006

Si alguna vez...


Si alguna vez dos fueron uno, sin duda fuimos nosotros.
Si alguna vez un hombre fue amado por una mujer, ese fuiste tú;
si alguna vez una mujer fue feliz en un hombre,
comparaos conmigo, vosotras, si podéis.

Yo estimo este amor más que todas las minas de oro,
o todas las riquezas que el Oriente alberga.
Mi amor es tal que los ríos no lo pueden apagar,
y sólo tu amor podría recompensarlo.

Este amor es tal que no puedo pagarte de ningún modo,
y ruego a los cielos te retribuyan multiplicado.
Entonces mientras vivamos, perseveremos tanto en el amor,
para que cuando ya no vivamos, podamos vivir para siempre.

Anne Bradstreet, poetisa norteamericana - 1678

Foto: Craig Morey


12 de noviembre de 2006

Hoy...



...te espero
con las cortinas cerradas,
vestida sólo
con las paredes de mi casa...

8 de noviembre de 2006

Viajando




Voy conduciendo por una carretera poco concurrida, cerca de la costa. Estamos en verano y es esa hora de la tarde que ya no es tarde, pero tampoco noche. En el asiento del copiloto, mi compañero de viaje dormita a ratos. Él llevaba el volante cuando hemos salido de la ciudad y luego nos hemos cambiado para que descansara. No nos queda mucho para llegar a nuestro destino.

Sin embargo, a mí me gustaría que el camino no se nos acabara tan pronto. Hay algunas situaciones en las que todo lo que nos rodea está en su sitio, perfecto, como suspendido en el tiempo. Ésta es una de esas veces. El coche se desliza suavemente por la carretera, no hace calor, tengo a mi lado la mejor compañía, suena una música suave. Un momento feliz.

De vez en cuando vuelvo la vista hacia el asiento a mi lado. Ahora él acaba de despertarse. Nos miramos y sonreímos.

-¿Queda mucho?

-No, supongo que en un cuarto de hora o así llegaremos.

Noto que sigue mirándome y sonriendo, con aire travieso. Se despereza, estira los brazos, y como sin quererlo, su mano izquierda va a parar sobre mi pierna. La deja ahí, simplemente posada. Pero al cabo de un instante empieza a acariciarme el muslo, sobre la fina tela del pantalón. Me dice:

-Bueno, si falta poco para llegar, creo que será mejor que me dé prisa...

El coche no es muy amplio, pero aun así se acerca a mi asiento todo lo que le permite el cinturón de seguridad, y pone una mano en mi pecho, sobre la ropa. Lo acaricia así, sin mucho miramiento. Los pezones se marcan bajo la camiseta, los pellizca suavemente.

A esas alturas, estoy más que excitada, pero la carretera no es precisamente recta, y tengo que estar pendiente del volante. Sin embargo, no le pido que pare. Tampoco se lo pido cuando su mano baja por mi vientre y se posa confiada entre mis piernas, que abro un poco para facilitar sus movimientos.

Claro que no se queda ahí. Sube nuevamente hacia la cintura, se cuela por el elástico del pantalón y por debajo de las bragas. Dos dedos buscan la entrada del sexo y lo encuentran, húmedo y cálido. Las sensaciones me golpean como olas, pero no me permito cerrar los ojos un segundo. Sigo con la vista puesta en las revueltas de la carretera, sintiendo sus dedos atormentando mi clítoris y sus ojos fijos en mí, atentos a cada reacción, a cada suspiro y temblor de las piernas.

Según crecen las oleadas en mi vientre, mi respiración se agita y empiezo a jadear. Él responde aumentando el ritmo de sus dedos. Las curvas siguen, mis pies se mueven sobre los pedales, mis manos sujetan el volante y el cambio, ajenas por completo a lo que sucede en el resto de mi cuerpo. Siento llegar inevitable el orgasmo, pero consigo que se manifieste sólo en mis gemidos.

Mi compañero retira sus dedos mojados, los lame para limpiarlos y vuelve a su posición en el asiento. Mi cuerpo se ha relajado ya, el corazón late a su ritmo normal. Estamos a punto de llegar.

No me crees


Siempre pensando en ti,
aunque no me creas.

No me crees (Efecto Mariposa)

No sé pensar si no te veo,
no puedo oír si no es tu voz,
en mi soledad
yo te escribo y te entrego
en cada beso el corazón.

Se apaga el sol en mi ventana
y hace tiempo que ya no sé de ti,
dime cómo te ha ido,
si también estás sola
y si piensas en mí,
sigo aquí.

En todas las palabras, mil caricias y miradas,
tú me dabas lo que nadie me dio en mi vida.

Tu recuerdo me consuela, me desvela ,
me envenena tanto cada día.
¿Qué harías si te pierde este pobre corazón?

Y no me crees cuando te digo que la distancia es el olvido,
no me crees cuando te digo que en el olvido estoy contigo aunque no estés,
y cada día, cada hora, cada instante pienso en ti y no lo ves,
no me crees.

No sé soñar si no es contigo,
yo sólo quiero volverte a ver
y decirte al oído todo lo que te he escrito en este papel,
entiéndeme.

En todas las palabras, mil caricias y miradas
tú me dabas lo que nadie me dio en mi vida.

Tu recuerdo me consuela, me desvela ,
me envenena tanto cada día.
¿Qué harías si te pierde este pobre corazón?

Y no me crees cuando te digo que la distancia es el olvido,
no me crees cuando te digo que en el olvido estoy contigo aunque no estés,
y cada día, cada hora, cada instante pienso en ti y no lo ves.

Y no me crees cuando te digo que no habrá nadie que te quiera como yo,
cuando te pido que en el olvido no me dejes sin razón,
entretenerme en el recuerdo es el remedio que me queda de tu amor.

Y si me entrego a ti sincero
y te hablo al corazón
espero que no me devuelvas un adiós.

Y no me crees cuando te digo que la distancia es el olvido,
no me crees cuando te digo que en el olvido estoy contigo aunque no estés,
y cada día, cada hora, cada instante pienso en ti y no lo ves.

Y no me crees cuando te digo que no habrá nadie que te quiera como yo,
cuando te pido que en el olvido no me dejes sin razón,
entretenerme en el recuerdo es el remedio que me queda de tu amor.
No me crees.

Foto: Jean Jacques Dicker

7 de noviembre de 2006

Otra de Woody


Otro año más, uno de mis neoyorquinos favoritos vuelve a las salas de cine para estrenar su última película: Scoop. Esta vez toca comedia, y de su anterior obra (la maravillosa Match Point) repite escenario, Londres en vez de su Manhattan habitual, y actriz protagonista, una Scarlett Johansson que no sé de dónde saca el tiempo para rodar tantos papeles. De Scoop se ha dicho que es una obra menor; pero al menos yo pasé todo el rato que duró con la sonrisa en la boca, disfrutando de un guión a la altura de lo que se puede esperar de Woody, y no salí defraudada en absoluto. A fin de cuentas, de eso se trata cuando vas al cine...

6 de noviembre de 2006

Siesta


...la habitación está en penumbra a la hora de la siesta. Me he desnudado por completo y me he tendido boca abajo, sintiendo la sensualidad del roce de las sábanas en mi pecho. No voy a dormir: quiero que vengas, te dejo la puerta abierta. Abro un poco las piernas, el sexo tiembla de deseo imaginando tu mirada. Te siento entrar sin hacer ruido, te siento mirarme desde los pies de la cama. Tus manos vienen por donde yo las he llamado. Tu boca las sigue en su camino. Sonrío.



2 de noviembre de 2006

La ducha


Esta tarde ya no es tan calurosa, pero el ambiente de la habitación aún está cargado de suspiros, de gemidos, de la calidez de tu aliento en mi nuca y mis labios en tu cuello. Estamos tendidos uno al lado del otro, algo cansados pero aún con la tensión del deseo en nuestros cuerpos.

Tu piel y la mía relucen de sudor y de los restos de la fiesta de la que nuestras bocas y nuestros sexos han participado. El tuyo reposa sobre tu muslo, lánguido ya. Lo miro, me gusta verlo así. Sigues mi mirada, y luego la posas sobre mis piernas ligeramente abiertas. Tu mano empieza el mismo camino, me estremezco al sentirla primero posarse en mi sexo, acariciarlo después. Hago lo mismo con el tuyo. Durante un rato sólo hacemos eso, acariciarnos mutuamente, mirándonos a los ojos.

Pero no te queda mucho rato, has de irte en un momento. Te propongo que nos demos una ducha. Te llevo de la mano hasta el baño, abro el grifo, nos metemos bajo el agua. Pongo gel en mis manos y te enjabono con ellas: cuello, hombros, brazos, pecho. Las bajo por el vientre, me agacho para frotar tus piernas. Me miras desde tu altura, recorriendo el interior de tus piernas, mi cara a escasos centímetros de tu sexo otra vez dispuesto, sonríes.

Te hago darte la vuelta y enjabono tu espalda. No sólo con las manos: ahora también con mis pechos. Me pego a ti todo lo que puedo, para disfrutar esa maravillosa sensación de los cuerpos resbalando uno contra el otro. Llevo mis manos a tus nalgas, curioseo entre ellas, te arranco suspiros. No me olvido de lavarte la cabeza, deslizando mis dedos entre tu pelo, cosquilleándote la nuca...

Es mi turno. Cierro los ojos para concentrarme en tus manos sobre mi cuerpo. Siento el contacto del gel frío, rápidamente calentado por el agua que cae como lluvia sobre nosotros y tus manos esparciéndolo por mis pechos, durante mucho rato, sopesándolos, juntándolos, jugando con los pezones endurecidos. A regañadientes los abandonas, pasas rápidamente por los hombros, la cintura y el vientre. Te siento muy pegado a mí, tu sexo se cuela sin dificultad entre mis piernas, te mueves contra mí para que lo note ya durísimo.

Me pides que me vuelva. Apoyo los brazos contra la pared de la ducha y me dejo hacer: ahora tus manos me recorren la espalda, la acarician y la masajean. Las llevas hacia delante, a los senos, bajas una de ellas hasta el sexo mientras la otra explora por detrás. No te paras ya hasta que baja la humedad entre mis piernas, y no es agua...

Nos enjuagamos bajo el chorro de la ducha, salimos de ella. Pero no te dejo coger la toalla para secarte. En lugar de eso te seco yo, dando vueltas a tu alrededor, haciéndote mover de manera que pueda llegar a todos tus rincones. La toalla es grande, también puedo ir secándome yo mientras te froto por todas partes. De cuclillas ante ti, seco tus piernas. Estamos cálidos y suaves por la ducha, y tu sexo se me antoja irresistible ante mis labios. Lo acaricio con mi lengua mientras te miro. No necesitas mucho más para quedar seco, seco del todo...



Foto: Mario Testino

Tu voz



Tú sabes cuánto me gusta oír tu voz.

Como una caricia que baja
desde mi oído, por el cuello
erizándome la piel,
haciéndome respirar intensamente.

Me gusta oír tu voz de madrugada,
a cualquier hora, en realidad, eso no importa.

Pero a oscuras y en la soledad del lecho
acompasándose al movimiento de mis manos
tu sonido va directo al centro de mi cuerpo.
Y lo único que siento es que llegue de tan lejos.




30 de octubre de 2006

A saltos


Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio les encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa.

¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.

Estos llamativos párrafos, tan eróticos a su manera, forman el capítulo 68 de la novela seguramente más conocida de Julio Cortázar, Rayuela. Esta obra, como su nombre indica, se ha de leer (al menos su segunda parte, desde el capítulo 57) "a saltos". Un proyecto en Internet, el Rayuel-o-matic Digital, ha puesto los capítulos en el orden previsto por el autor. Se puede consultar aquí.

Soñando...


de día
llenas mis pensamientos

de noche
ocupas mis sueños

Foto: Jean Jacques Dicker

26 de octubre de 2006

Que sí, lo sé...



... que hace poco que cambié la plantilla, que ya han sido varias veces desde que tengo el blog... pero los cambios no dejaban de ser variaciones sobre el formato original, que nunca me gustó demasiado. Hoy estreno nueva imagen, nuevos aires... pasad y mirad, estáis invitados.

Foto: Azra Halilovic

24 de octubre de 2006

Prohibido

El post de hoy tiene una pequeña historia... al principio pensaba poner tan sólo el video que va al final, pero esta mañana, visitando este blog (muy recomendable) me he encontrado con un poema de Jaime Gil de Biedma que no me resisto a transcribir.

ALBADA

Despiértate. La cama está más fría
y las sábanas sucias en el suelo.
Por los montantes de la galería
llega el amanecer,
con su color de abrigo de entretiempo
y liga de mujer.

Despiértate pensando vagamente
que el portero de noche os ha llamado.
Y escucha en el silencio: sucediéndose
hacia lo lejos, se oyen enronquecer
los tranvías que llevan al trabajo.
Es el amanecer.

Irán amontonándose las flores
cortadas, en los puestos de las Ramblas,
y silbarán los pájaros -cabrones-
desde los plátanos, mientras que ven volver
la negra humanidad que va a la cama
después de amanecer.

Acuérdate del cuarto en que has dormido.
Entierra la cabeza en las almohadas,
sintiendo aún la irritación y el frío
que da el amanecer
junto al cuerpo que tanto nos gustaba
en la noche de ayer,

y piensa en que debieses levantarte.
Piensa en la casa todavía oscura
donde entrarás para cambiar de traje,
y en la oficina, con sueño que vencer,
y en muchas otras cosas que se anuncian
desde el amanecer.

Aunque a tu lado escuches el susurro
de otra respiración. Aunque tú busques
el poco de calor entre sus muslos
medio dormido, que empieza a estremecer.
Aunque el amor no deje de ser dulce
hecho al amanecer.

Junto al cuerpo que anoche me gustaba
tanto desnudo, déjame que encienda
la luz para besarte cara a cara,
en el amanecer.
Porque conozco el día que me espera
y no por el placer.

Y, salvando todas las distancias, también de amores prohibidos trata el video que dejo a continuación, un antiguo tema de OBK con el que siempre me emociono como la primera vez. Espero que os guste.



22 de octubre de 2006

Homenaje



Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos,

mi alma no se contenta con haberla perdido.
Pablo Neruda

abían pasado ya cinco días de mis vacaciones en la isla y estaban empezando a hacérseme tan monótonas como prometedoras parecían al principio. Aquella mañana no me apetecía bajar a la playa, de manera que me puse unas bermudas y una camiseta y me fui a dar un paseo por el puerto. Cuando ya me daba la vuelta para irme al hotel, la vi.

Estaba sola en una terraza, bajo una sombrilla, tomándose un helado. Miraba hacia el mar con aire ausente y de vez en cuando parecía acordarse de lo que estaba haciendo y tomaba una nueva cucharada. Concentré mi mirada en sus manos, de cuyo contacto había podido disfrutar en unas pocas ocasiones robadas. Cuando ya estaba a punto de acabar, me acerqué a ella por detrás y le tapé los ojos.

-Soy yo, ¿estás sola? –le susurré al oído.

Sin decir nada, asintió.

-Ahora no, ahora estás conmigo...

La sentí estremecerse bajo mis dedos. Se levantó, nos cogimos de la mano.

-Pero vámonos de aquí –le dije. Al venir había visto, a poca distancia de allí, que una de las lanchas del puerto se alquilaba por días. Una lancha pequeña, perfecta para dos. Hablé con el dueño y en un momento estábamos subidos en ella, en dirección a un lugar que yo conocía de haber estado allí en alguna ocasión.

Mientras yo llevaba el barquito, ella se puso de pie detrás de mí. Me abrazó por la cintura, su cuerpo contra el mío. Sus manos explorando bajo mi camiseta y acariciando mi pecho. Sus labios besándome en el cuello. Mi excitación aumentaba por momentos, el volumen que crecía bajo las bermudas lo mostraba claramente; ella no se privó de medir con su mano la intensidad de mi deseo, y yo, aunque no podía verla, la adivinaba sonriendo pícara, como siempre que me tocaba de aquella forma que tanto nos complacía a los dos.

Al cabo de un rato llegamos a una pequeña isla rodeada de rocas. Sin embargo, por uno de sus lados, casi invisible, se abría un paso por donde conduje la lancha, hasta llegar al interior de una cueva con una pequeña playita. Allí mismo, en la barca, comenzamos a besarnos, con la ansiedad de los que viven su deseo a distancia. Le abrí la blusa para besarle los pechos, le lamí los pezones, deliciosa fruta en mis labios. Recorrí con la punta de los dedos su piel cálida desde el cuello hasta el vientre, sintiéndola temblar con mi contacto.

Nos desnudamos allí mismo, sin prisas. Cogiéndola de la mano la invité a bajar de la barca, y nos tendimos en la arena, con medio cuerpo dentro del agua. Hacía algo de frío en la cueva, pero ninguno lo notábamos, salvo en la piel erizada, porque ambos ardíamos por dentro. Nos acariciamos hasta asegurarnos de que cada centímetro de nuestros cuerpos seguía siendo el mismo, nos besamos hasta dolernos los labios, nos susurramos al oído aquellas palabras que normalmente sólo podíamos decirnos a través de un hilo o de una pantalla. La recorrí entera con mi lengua hasta llegar a su sexo, húmedo de placer y de mar, salado sobre salado. El hueco de la cueva amplificaba sus gemidos, excitándome más, haciéndome intensificar mi caricia hasta que la sentí abandonarse. Fluir como el agua.

Poniéndonos de pie, nos metimos totalmente en el agua, que nos llegaba hasta la altura del pecho. Apoyándonos en una de las paredes de piedra, alisada por el mar, la tomé por las caderas y la apreté contra mí. Ella se enlazó a mi cuerpo con brazos y piernas, entregada por entero, de una manera como no le había notado nunca antes. Era maravilloso sentir aquella ingravidez, aquella ligereza en la que parecíamos flotar. La penetré despacio, gozando cada centímetro. Sin prisa, deleitándome en su abrazo. Cara a cara, mi boca jadeando contra la suya. Moviéndonos al ritmo del oleaje hasta corrernos ambos.

Nos quedamos en la misma posición, exhaustos, relajándonos. Sin embargo, estábamos tan pegados que podía sentir su corazón latiendo contra mi pecho. Aparté un poco la cara. Vi una lágrima correr por su mejilla.

-Qué te pasa...

No dijo nada, bajó los ojos. La tomé por la barbilla, obligándola a mirarme.

-Nada... es sólo que se me hace tan difícil pensar en no poder vernos...

-Tranquila, mujer, no estés triste... Lo intentaremos pronto, para el otoño, ¿de acuerdo?

-No, no puede ser... no te lo he dicho, me voy a casar... y a vivir al extranjero... no podemos encontrarnos más...

Regresamos en silencio al puerto.

Tal como ella dijo, no volvimos a vernos. No quiso que siguiéramos en contacto, y le prometí que no haría nada por intentarlo. Y lo cumplí, pero no puedo evitar que la nostalgia me apriete el corazón de vez en cuando, si veo algo que me recuerda su nombre, o su cara, o su cuerpo tan amado. Pero sé, o quiero saber, que en algún sitio ella es feliz. Quizá eso me basta.



Foto: Tumsha

19 de octubre de 2006

Pasa la vida...


Pasan los años, las estaciones, las hojas caen... Hoy, un otoño más para mí, un año más de vida, y en muchos aspectos el comienzo de un sendero nuevo. Y como regalo para todos vosotros y para mí misma, un precioso video de uno de mis grupos favoritos.


17 de octubre de 2006

Lo que te haría esta noche...

Esta noche
si me dejaras
me pasaría mirándote
horas enteras.
Si me dejaras
conocería tu cuerpo
hasta poder recordarlo
con los ojos cerrados.
Dejaría tras la puerta
la vergüenza
el miedo
la soledad.
Si me lo permitieras
recorreríamos
los caminos que llevan
a esos rincones míos
que sólo tú sabes.
Y esperaría
que estuvieras dormido
para decirte al oído
(sin despertarte)
que te quiero.

Foto: Gabriele Rigon

11 de octubre de 2006

Ausencia


Es de noche y otra vez me faltas.
Cuando no estás
no me calma el roce de las sábanas.
Mis manos te piensan
y mi mente te toca
pero no me basta.
Sigo esperando tu voz
para llenar el silencio de mi madrugada.



Fotos: O'bone, Gabriele Rigon

5 de octubre de 2006

Tú sabes que...



Sabes muy bien que mi mente está todo el día puesta en la llegada de la noche, que cada palabra tuya hace que me humedezca todavía más, que la espera del placer se me hace cada vez más dura. Sabes que deseo tu sexo dentro del mío, en mi boca, entre mis manos. Sabes que me vas a hacer correrme como si fuera la última vez y aún así desearé más todavía...


Foto: Pascal Abadie

3 de octubre de 2006

Ritual secreto (II)

Mi cuerpo, fiesta fértil y lasciva.
Poséeme solitaria, desnuda ante tu noche,
siémbrame semillas olorosas a sal.
Mírame desnuda
con la hermosa sospecha
que mi vientre será fértil a tu salada lluvia.




Mi caverna, tibia y silenciosa, guarida perfecta
de tu solitario cuerpo,
Mi boca es suave entre tus dientes,
mi lengua, pájaro que anida en tu boca.
Por mi carne fluye sudor de hierro
y me prendo
como alga marina a tu confuso mar.



Soy la obra inconclusa
con infinitas posibilidades para un final.
Me entrego fácil a tus brazos,
con el misterioso encanto de un ritual.



2 de octubre de 2006

Ritual secreto (I)

Ritual secreto (I)
Orietta Lozano


Amante mío, estoy desnuda, más fresca que el agua azul
para tu noche de amor.
Cada extremo de mi boca,
cada esquina de mis miembros
se apresuran como ágiles peces
hacia tus tibias aguas.




Amante mío, yo deseo la mordedura de tus dientes
y me encamino temblorosa hacia cada uno de tus dedos,
me detengo a mirar tu cuerpo a través de oscura cerradura
e incontenible deseo se posa en mis húmedos senos.



Por tí se escapa la sequedad de mi boca,
mi mirada de brújula perdida en tus rincones,
floto voluptuosa en tus profundas aguas
y me abro como flor nocturna a tu plácida noche.



30 de septiembre de 2006

Más cambios...

Probablemente los que entráis con alguna frecuencia en el blog habréis visto que desde ayer aparecía lleno de símbolos extraños y que faltaban cosas. Eso se debe a mi manía de andar siempre cambiándolo todo: Blogger me ofreció la oportunidad de pasarme a su nuevo sistema de edición y así lo hice, sin caer en la cuenta de que no admite acentos ni signos tan raros como nuestra castiza eñe. Espero haberlo arreglado ya, aunque no he conseguido que reaparezca mi foto del perfil. Si alguien sabe cómo hacerlo, le agradecería que me lo dijera. Mientras, me voy a estrenar en la moda de poner videos en los blogs con éste, un clásico de Queen. Una inyección de buenos ánimos.


29 de septiembre de 2006


Ayer las imágenes, hoy me presta sus palabras. Otra vez gracias.


Te veo desde el umbral, tendida.

Y cuando creía que hace unas horas

la vida se te había escapado entre los labios,

me doy cuenta que me la entregaste con las manos.

27 de septiembre de 2006

Flores





Aún queda lejos la primavera...
Pero en el aire hay un aroma de pétalos
de oculta suavidad cubierta de rocío
esperando la lluvia...
...esperando florecer bajo tus manos.

(gracias al jardinero por el ramillete)

25 de septiembre de 2006

Cien


oy, por primera y última vez, voy a escribir para ti.
Aunque nunca me has leído, aunque nunca leerás estas palabras.
Por todo lo bueno que me has dado.
Por regalarme los tesoros más valiosos.
Aunque ahora veas que mis huellas se alejan en la arena
y quizá nunca puedas alcanzarme.
Ojalá que la vida sea dulce contigo.
Suerte.


Foto: Pascal Renoux

Esta no es la noche que tendría que haber sido.
Esta noche quería que me dieras tu deseo, quería dártelo todo.
Pero no he sabido decírtelo.
A veces las palabras no hacen lo que queremos...

21 de septiembre de 2006

Son de mar


Hoy, un fragmento del libro Son de mar, del autor valenciano Manuel Vicent. Puede que a veces la literatura nos refleje mejor que los espejos.

Los gritos de placer que Martina emitía llegaban hasta la calle. Los jilgueros y canarios colgados dentro de las jaulas en las ventanas callaron, un endero de ultramarinos se preguntaba qué gente habría allí arriba y hubo un grupo de gente que se quedó en la acera dispuesto a aplaudir la grandeza y calidad de aquel orgasmo que fue súbito y sin que mediaran previas palabras de amor o de deseo.
-¿Qué pasa ahí arriba?
-No es nada -contestó un peatón avezado-. Sólo es una mujer que está muy contenta estrenando el mundo.
Martina no se reconoció a sí misma en la profundidad de aquel placer, ni en aquellos gemidos, ni en la experiencia del amante que tenía en sus brazos, ni en el sudor que expelía. Toda la energía erótica acumulada durante diez años con tantas noches de soledad, las lágrimas reprimidas, aquella melancolía potenciada por la muerte acababa de saltar de su cuerpo quebrándolo por la cintura. Puede que haya mujeres que por miedo a perder su seguridad se sometan a un hombre. Martina encontró su fuerza para someter a Ulises sólo en el placer que le proporcionaba su posesión y a partir de ese momento su poder no hizo sino crecer hasta apoderarse de aquel cuerpo por completo como una de las serpientes de Laocoonte.

Foto: Frank Bodenschatz

19 de septiembre de 2006

En horario de trabajo


Viernes en la oficina. Hoy el jefe no ha venido. Algunos de mis compañeros parecen haber desaparecido sin dejar rastro. Estoy sola en el despacho, de vez en cuando se oyen pasos por el pasillo, pero pasan de largo. El trabajo del día ya hecho. El ordenador encendido, yo navegando de aquí allá por internet, sin fijarme demasiado en nada. Por pura rutina abro el messenger. Nadie conectado.

La mañana sigue sin mayor novedad. Me dejan algún papel en la mesa, suena alguna llamada buscando a otra persona. A las doce ya me está entrando sueño. Un cuadrado en la pantalla del ordenador llama mi atención: "X acaba de iniciar sesión".

Me enderezo en el asiento. Esas cinco palabras han sido suficientes para que me empiece a sentir excitada. Unos segundos después se abre una ventana de conversación. Un saludo, un rato de charla amable. De pronto y sin que tenga ninguna relación con lo que estamos hablando, X me pregunta cómo voy vestida. Sonrío, sé que llevo puesto lo que le gusta. Una falda ancha. Me pide que me la suba hasta las caderas. Lo hago.

Ahora, me pide que me quite las bragas. Miro alrededor, aunque sé que no hay nadie. La mesa cubre la visión de la mayor parte de mis piernas. Cojo las bragas y las dejo en un cajón de la mesa.

Aunque sabe perfectamente que sí, me pregunta si estoy excitada. Me pide que le describa cómo. Le cuento que mis pezones están duros bajo la tela de la blusa, que la parte interior de mis muslos se ha humedecido. Que he empezado a excitarme al verle conectado. Que lo estoy más porque me lo pregunta. Eso le gusta. Me dice que me va a seguir excitando hasta que llegue al orgasmo. Allí mismo en mi mesa de despacho.

Me acomodo lo mejor que puedo en la silla, quito las manos del teclado y las llevo bajo la falda. Acerco los dedos de la mano izquierda hasta los labios de mi sexo. Húmedos e hinchados. Los separo. La otra mano busca el clítoris, lo encuentra casi con un sobresalto. Lo acaricia lentamente, siguiendo la cadencia de las letras en la pantalla.

Cada línea que aparece hace aumentar la velocidad de mis dedos. Estoy acalorada, entreabiertos y húmedos los labios, sin poder evitar que se me escape algún gemido. Las piernas separadas, las manos acariciando, el cuerpo arqueado. Finalmente echo la cabeza hacia atrás, la pantalla se nubla por un momento, me vencen mis jadeos. Me quedo desfallecida, incapaz de moverme sobre la silla. Las líneas se han detenido. Mis manos vuelven al teclado.

"Anais dice:
Maravilloso...."