30 de enero de 2006

Regalo de cumpleaños (2)




Después pude notar cómo se levantaba de su posición agachada y se inclinaba sobre mí para quitarme la camiseta. Entonces me di cuenta de que era una mujer y de que estaba desnuda. Acerqué las manos a su cuerpo y fugazmente le toqué los pechos, pequeños y suaves, y los pezones endurecidos. No me dejó seguir, me apartó las manos con suavidad.

Se agachó otra vez y me separó nuevamente las piernas con sus manos. Con un dedo me recorrió la cara interna de los muslos, arriba y abajo, sin prisa, acercándose al sexo con una lentitud exasperante y sin tocarlo en ningún momento. Yo me notaba cada vez más húmeda y podía oír, algo más lejos, la respiración de mi amante. Sabía que nos estaba mirando y eso casi me excitaba más que las manos de la desconocida. Por fin, la mujer debió pensar que ya tenía bastante y, sin avisar, me metió dos dedos hasta el fondo.

Empezó a moverlos dentro, fuera, dentro, fuera... y cuando creía que iba a correrme se paró de repente. Creo que en ese momento yo ya no me acordaba de dónde estaba, ni con quién... Sólo quería que no se parase. Pero esperé. Notaba algo de claridad a través de los ojos cerrados, debían haber abierto algo las cortinas. No abrí los ojos.

De nuevo noté su calor entre mis piernas. Ahora estaba haciendo con la lengua lo mismo que antes con los dedos. Me lamió los muslos, ya húmedos de mis propios fluidos. Otra vez se acercó con toda la lentitud del mundo hacia el sexo. Creía que cuando lo tocara iba a estallar y que me volvería loca si no lo hacía.

Se entretuvo en las ingles, en el pubis, recorrió con la lengua los labios mayores. Al mismo tiempo subió las manos hasta mis pechos y me acarició los pezones, con suavidad al principio, más fuerte cada vez hasta llegar a pellizcarlos. Para cuando llegó a su meta no necesité ya más que un par de toques para tener el orgasmo más fuerte de mi vida.

Durante unos minutos no pude moverme ni hacer nada. Para cuando abrí los ojos, la mujer ya se había ido. Mi amante seguía junto a la ventana, donde yo estaba segura que había estado todo el rato, mirándome gozar. Yo también le miré y le sonreí. No me hizo falta darle las gracias.

Imagen: Angela Blank

1 comentario:

Principe de la Lujuria dijo...

Simplemente... delicioso!!!

Besos Húmedos