7 de febrero de 2006

Inventario de lugares propicios al amor


demás de ser un conocido poema de Ángel González, el título del post de hoy recuerda una de las grandes preocupaciones de las parejas ilícitas. Y es que cuando uno piensa en infidelidades parece que lo primero que viene a la cabeza es un señor madurito, bien situado, que aprovecha sus continuos viajes de trabajo para montárselo con una jovencita escultural que vive en un apartamento con jacuzzi. Pues no: en el mundo de las parejas clandestinas también hay lugar para dependientes del Corte Inglés, pongo por caso, y para mujeres de mediana edad que asisten a reuniones de la Asociación de Padres. Sí, también hay mujeres infieles. De verdad.
Y claro, para ese tipo de amantes el SITIO, así en mayúsculas, es una parte inseparable de su relación. Para una pareja normal, cambiar de lugar es un incentivo para salir del aburrimiento. Lo sabe cualquiera que lea el Cosmopolitan. Para los amantes es una necesidad, no siempre fácil de satisfacer. Sin profundizar demasiado, se podría hacer una lista como ésta:
- Los hoteles. Seguramente son lo primero que a uno se le ocurre. Suelen ser discretos y cómodos y siempre tienen lo que hace falta: una cama y u
n cuarto de baño. Además si te encuentras a algún conocido por el pasillo lo más seguro es que vaya a lo mismo que tú. Incluso hay hoteles especiales para estos casos. Inconvenientes: se miden en euros.
- La propia casa. Probablemente lo más cómodo. Lo malo es que suele haber niños, esposas, cuñados o todo eso pululando por allí. Y si no están, hay que tener cuidado si vuelven. El "cariño, esto no es lo que parece" no suele servir de mucho cuando te pillan en posición horizontal debajo de un representante del sexo opuesto (o del mismo... no hay que discriminar).
- El coche. Quién no ha experimentado sus primeros orgasmos en uno... Pero curiosamente, aunque con los años uno suele comprarse un coche más cómodo, dan menos ganas de usarlo para desahogos. En fin, los sitios oscuros y discretos siempre están bien para una urgencia. Cuidado con los agentes del orden, eso sí.
- El lugar de trabajo. Difícil. Es una buena opción sólo si
se dispone de llave y se está seguro de que no va a aparecer el jefe de repente. Si es un sitio con vista desde la calle quizá sólo se puedan usar los servicios. Es sorprendente lo que se puede hacer en un baño con un poco de imaginación.
- Los sitios públicos. Arriesgados, pero dan mucho morbo. Normalmente se puede hacer poco más que darse un magreo... pero qué bien sabe. Una falda amplia sin nada debajo puede dar mucho juego...
¿Se os ocurren más? Se admiten sugerencias.


3 comentarios:

Principe de la Lujuria dijo...

Los baños públicos siempre han sido mi debilidad, lo reconozco. Eso sí, debilidad morbosa. Ahora bien, tu escoje que yo me pliego a cualquier cosa...

Besos Húmedos

(por cierto, enlazada en el Principado te hayas. Si no quieres solo tienes que pedir tu excumunión ;-)

Anónimo dijo...

Has pensado en un revolcón en una cama de billetes???? los dos morbos unidos, dinero y sexo.

Anaïs dijo...

Si tú sabes dónde conseguir tantos billetes, yo encantada...
Besos