18 de marzo de 2006

En el coche


Estoy en el trabajo, a mediodía, mirando la calle, aburrida. De pronto suena el teléfono.

-Hola Anais... Esta tarde estaré libre, ¿quieres que nos veamos?

-Claro, ¿cómo no?

-Pero hay un inconveniente... no tengo sitio... ¿se te ocurre algo?

-Mmm... oye, ¿por qué no usamos tu coche? Ya hace tiempo que lo tienes y aún no lo hemos estrenado.

-Vaya, vaya... está bien. Te recojo a las siete.

De pronto el aburrimiento se ha vuelto nerviosismo... Por la tarde regreso a mi casa, me cambio y salgo nuevamente, se supone que de compras. Me he puesto otra ropa, algo que facilite los movimientos: una falda y un suéter abotonado delante. Debajo, un conjunto de sujetador y tanga, la mínima expresión, ambos de encaje. Unas medias de las que se sostienen solas. Andando por la calle, mis muslos rozan uno con otro, la lana del suéter me produce un agradable picorcillo. Ya estoy excitada cuando él me recoge.

Nos dirigimos a una zona de la ciudad donde hay muchos edificios en obras. Voy sentada delante, con las piernas abiertas, tapadas por la falda. En los semáforos, él aprovecha para explorar bajo la tela, buscando bajo el tanga, que ya está mojado. Lo aparta y acaricia los labios que sabe que le esperan. Qué largo se me hace el trayecto...

Aparcamos el coche en una calle apartada y poco iluminada, aunque de cuando en cuando pasan otros vehículos y alguna que otra persona. Pasamos al asiento de atrás. No puedo evitar reírme, me recuerda mucho mis primeros escarceos de la adolescencia. Cada vez que alguien se acerca agachamos la cabeza.

Empezamos a besarnos. Nuestras bocas se buscan con avaricia, las lenguas se encuentran ansiosamente. A veces creo que me gustaría poder bebérmelo. Sus manos bajan hacia el suéter, lo desabrochan. Un pecho ya surge por el ligero encaje. Termina de sacarlo. Traza círculos con la lengua alrededor del pezón y lo mordisquea, grande y duro ya como una fruta. Hace lo mismo con el otro pecho, "no le vaya a tener celos...".

Me tiendo tanto como puedo sobre el asiento. La falda se ha quedado enrollada en mis caderas y él aprovecha para quitarme el tanga y acariciar con los labios los sitios por donde antes pasaron los dedos. Mientras, siguen pasando los coches de cuando en cuando, aunque a mí la verdad es que ya no me importa demasiado. Estoy en otro lugar, me estoy corriendo...

Cuando me recupero vuelvo a sentarme, él se pone a mi lado. Se ha quitado los pantalones, me invita a acariciarle. Mis manos y mi lengua inician el camino que tan bien ya conocen. Rodean suavemente los testículos, suben con decisión por el tronco, se recrean en el glande. Húmedo ya y dispuesto a la batalla.

-Quiero penetrarte...

Pues ya somos dos... Me subo sobre él, me sitúo lo más cómodamente posible (los asientos de un coche no dan para muchas acrobacias). Me encanta notarlo tan dentro, cara a cara, mis pechos a escasos centímetros de su boca... Mientras nos movemos toma mis nalgas, las separa, noto esa presión en el ano tan deliciosa... Unos momentos más, la calle ha vuelto a borrarse...

A veces está muy bien recordar la adolescencia...

Foto: Jindrich Vanek

4 comentarios:

cover dijo...

Y que la gente pase, y el morbo, y la excitación, y la incomodidad, y la pasión, y el riesgo, y.....

Sí, a veces está tan bien recordar la adolescencia.

Ahora mismo tengo una erección como de adolescente.

El Lehendakari dijo...

Jaja, me ha quitado las palabras Cover; vamos, que se me ha puesto dura, jejeje.
Más, más, más, queremos más.

Achab dijo...

El dolor de espalda, su origen, por la doctora Anais.

Humbert dijo...

en el meme que me paso perdido puse que me gusta conducir, aunque me has hecho recordar que también me gusta estar con el coche parado y en el asiento de atrás...

un placer