6 de abril de 2006

Desde el otro lado


Anteayer tuve un día en el trabajo de esos que te hacen acordarte de la madre de todos los compañeros, especialmente de ese tan inútil que con tanto arte te hace quedar siempre como un inepto ante el jefe. De manera que, antes de ir a casa, decidí pasar por el pub de unos amigos a tomar un trago, a ver si me tranquilizaba.


Había muy poca gente, aún era relativamente pronto. Me senté en la barra, pedí algo y eché un vistazo alrededor. Unas pocas parejas dispersas, un par de tíos al otro extremo y una chica un par de sitios más allá. La miré con detalle, aunque procurando no ser descarado. Melena rizada, falda larga y amplia, camiseta de tirantes. No me miró, pero estaba seguro de que me había visto.
Decidí no acercarme de momento. Aún me duraba un poco el estrés del día y no quería meter la pata. La miraba por el rabillo del ojo, controlando sus movimientos. Se estaba tomando una tónica, a ratos jugueteaba con los hielos del vaso. Ella tendría los dedos fríos, pero yo ya me estaba calentando...

Al poco rato se levantó para ir al baño; la seguí. Se entraba a la zona de aseos por una puerta que a su vez daba a un distribuidor, donde estaban los aseos propiamente dichos. Al abrir yo la puerta exterior, la vi, ya dentro del aseo de mujeres, con el pomo cogido en la mano; me miró a los ojos: la fracción de segundo que dudó en decidirse a cerrar la puerta me hizo decidirme a entrar yo detrás de ella.

El aseo era relativamente grande, chapado de azulejos blancos, con una luz de neón floja y muy poco favorecedora. La apreté contra la pared y la besé, la mordí, le aparté el pelo con las manos mientras le lamía las orejas y el cuello. Bajé hacia su pecho y le saqué las tetas por el escote de la camiseta, suaves y duras, las mordí y endurecí sus pezones con mi lengua hasta dejarlos brillantes de mi saliva. Me agaché y le levanté la falda, le bajé las bragas, creo que las rompí.

Ella no decía nada, sólo gemía, mientras metía sus dedos entre mi pelo y doblaba las piernas para facilitar mis maniobras. Podía sentir el calor de su coño, y ver que estaba tan mojada que un hilo brillante le bajaba por una pierna. Recuerdo haber pensado fugazmente que le llegaría al pie y a la planta del zapato. Acerqué mi cara a su pubis depilado y le rocé el clítoris con dos dedos de una mano, sólo un poco, para sentir cómo se movía frotándose contra ellos. Con la otra mano seguí hacia atrás y humedecí la entrada del ano con sus propios flujos.

Decidí no hacerla esperar más y de golpe le metí tres dedos, a la vez que le lamía el clítoris. Estaba completamente empapada, notaba mis dedos dentro de ella como en un mar, mojándome toda la mano mientras se corría, tanto que tuvo que ir doblando las piernas hasta quedar sentada, en una posición por cierto muy poco airosa pero muy excitante. La dejé recuperarse un poco, pero enseguida me puse junto a ella de pie, con el pantalón desabrochado, mi polla ya durísima junto a su cara. Entendió muy bien lo que quería, se la metió toda en la boca de inmediato. Con un poco ya tuve bastante, me corrí sobre ella en cuestión de segundos, le dejé perdida de semen la cara y las tetas...

Eso sí, del estrés ya ni me acordaba...

Foto: Norbert Guthier

8 comentarios:

Erotismo dijo...

Gran relato, mucha calidad en tus líneas y fotos.

Humbert dijo...

es un idea...el otro lado...tomo nota. me ha gustado tu relato.

un placer

Anónimo dijo...

Muy chulo el Blog, el mio de msn se llama igual: Tras las Puertas.
Aunque nada tienen que ver, el mio
esta enfocado en un libro con el
que estoy de fantasía épica.
Un Saludo

Lector Compulsivo dijo...

Me ha gustado tu reflexión sobre la figura de Anäis Nin. También yo vuelvo de vez en cuando sobre la compleja personalidad de esta escritora en mi blog (http://spaces.msn.com/lectorcompulsivo)

Estás invitada si quieres conocer otra perspectiva. Felicidades por las fotos.

zeze dijo...

Unas fotos muy bonitas en tu blog

Adrian dijo...

Me gusta. Escribimos algo juntos? Empieza tu. Un beso

galilea dijo...

Ainssss niña, como me has dejado... húmeda, palpitante, e imaginando que era yo la chica de la camiseta de tirantes....

Uffff, es demasiado temprano para leer esto y verás como voy a estar todo el día en la oficina, acordandome de tu post... esto no se hace, hombre (jejeje)

Un beso enorme.

El Lehendakari dijo...

Yo te leo en casa y hoy no tengo que ir a la oficina así que se agradece el empalme, jeje. Esto va subiendo de tono, preciosos tus relatos. Un beso.