11 de abril de 2006

Sueño de una tarde de verano


dio hacer las faenas de la casa.

Por lo menos, estaría bien tener alguna compensación cuando hay que hacerlas. Por ejemplo, me puedo imaginar una tarde de verano. Tú te has quedado en la cama aún adormilado de la siesta, yo me he ido a la cocina a poner la ropa en la lavadora. Una prenda se ha caído al suelo, me agacho para recogerla. De pronto noto una mano que desde atrás ha iniciado una ruta entre mis piernas, tímida al principio, más decidida cuando ve que no me muevo de mi posición. Sube por los muslos, los siente suaves. Hace calor, pero la mano busca otro calor.

También imagino que sigues con tu exploración. Has llegado ya a tu destino, acaricias con tus dedos sobre la leve tela de algodón, notas ya que se humedece para recibirte. Me incorporo y me vuelvo, aún tienes cara de sueño, pero transpiras deseo. Doy un paso atrás y tropiezo con la lavadora; bueno, por qué no. Me remango la corta falda hasta las caderas y me subo encima. Tú te acercas hasta mí, deshaces el nudo que ataba mi blusa. No llevo nada debajo.

Tus manos recogen mis pechos como si los acunaran. Al principio sólo acaricias los pezones con los pulgares, rodeándolos en círculos hasta que te apuntan ya duros, los muy atrevidos. Por cierto que algo entre tus piernas está duro también, puedo notarlo muy bien, aunque aún demasiada ropa se interpone entre nosotros. Me abrazas por la cintura y me besas. Siempre me excitan tus besos, aunque sean imaginarios. Tu boca se entretiene en mis labios, en mis orejas, en mi cuello.

Las manos que me abrazaban bajan por mi espalda hasta abarcarme las nalgas y de un tirón me hacen pegar mi cuerpo al tuyo. Sí, cariño, aquí me tienes toda para ti. Coges las bragas por los lados y las bajas, pero las dejas casi en los pies, te excita verlas así, ¿verdad? Te acercas y miras un poco mejor, con un dedo inicias el camino que sabes que me llevará a donde tú quieres, doy un respingo al notarlo entrar en mí. Otro le sigue, qué descarado. Los acercas a mi nariz para que pueda olerme, pero los llevas a tu boca, mirándome a los ojos. Ay.

Aprovecho para desabrochar tus pantalones y meto la mano. Encuentro lo que busco, pero no vas a dármelo todavía. Te agachas hasta mi sexo y lo acaricias con la lengua, tú sabes cómo hacerlo, sabes subir y bajar por todos mis repliegues, sabes ensanchar el camino con tus dedos y penetrarme con la lengua hasta hacerme volver loca. Ahora soy yo la que acaricia mis pechos, la que se corre a gritos... quizá nos oigan los vecinos... mejor para ellos.

Me abrazas, me acoges, me has dejado exhausta. Me dices al oído esas cosas que sabes que me gustan. Pero tu cuerpo no se ha olvidado de lo que desea. Acerco las caderas al borde de la lavadora, tú apoyas tu sexo en la entrada del mío. Aún sin pasar, sólo acariciándolo. Sabes que eso me volverá loca, y en efecto, cuando no puedo más yo misma lo guío a su cobijo. Desde nuestra posición podemos ver nuestros sexos, nuestros jugos, el sudor que nos empapa, el movimiento del placer... Creo que nos han oído, sí... menos mal que todo es imaginario...


Foto: Oleg Kosirev

6 comentarios:

cover dijo...

ufff, muy bueno.

que lastima que haya sido imaginario.

Adrian dijo...

Imaginación al poder (o a la lavadora, como en este caso). Me gusta... leerte.

Humbert dijo...

me gusta soñar,
y despues hacer
que los sueños
se conviertan
en realidad.

doble placer.

pd.¿hace falta que te diga lo bien que escribes cada vez que te comento? ;-) besos.

El Lehendakari dijo...

Una curiosidad: ¿la lavadorá estaba centrifugando? jejeje. Espero que tus sueños se hagan realidad... y qué nos cuentes qué es eso que tanto te gusta que te digan al oído en esos momentos... Qué escenas más morbosas describes, así da gusto. Besos húmedos.

arnand37 dijo...

ME ENCANTASSSSSSSSSXXXX

galilea dijo...

Uyyyy niña.... joder, ya estamos... otra vez me has puesto cardiaca... cada día te superas...

Un besazo.