26 de mayo de 2006

A oscuras

Nota: la imagen que he puesto habría quedado muchísimo mejor en este post. De todas formas la pongo aquí, creo que viene al caso.

Ya era de noche. Estaba a punto de apagar el ordenador de mi oficina y marcharme cuando el vigilante del edificio me llamó por teléfono para decirme que un tal señor S. estaba allí para traerme alguna documentación. Sonreí. Sabía que esa visita no era de trabajo.

Me dirigí hacia el ascensor para recibirle; los pasillos de mi oficina son algo laberínticos si no los conoces. De camino, pasé ante una puerta ligeramente abierta. Nunca me había llamado la atención, simplemente estaba allí, siempre cerrada. Casi siempre. La empujé y eché un vistazo. Estaba a oscuras, pero podía verse una especie de armario de metal cerrado con llave, como de un metro de alto, del que salían unos cables. Algún tipo de centralita o algo así, pensé. Aparte de eso, cajas vacías, formularios viejos, varios trastos en un espacio reducido. Dejé la puerta como estaba y seguí hacia el ascensor. Al salir S. le tomé de la mano y le conduje hacia el trastero. Cerré la puerta y nos quedamos a oscuras.

-Pero mujer, enciende la luz...
-De eso nada, tendrás que arreglarte con las manos...

No se hizo de rogar. Me empujó contra la puerta y me besó ansiosamente, mientras me desabrochaba la blusa y me sacaba los pechos del sujetador sin quitármelo. Yo le quité el cinturón y le bajé los pantalones. Podía notar su erección a través de la falda. Luego dejó de besarme, pero noté su lengua descendiendo por mi cuello, por el pecho, el vientre. Percibí sus manos levantando la falda, sus dedos acariciando sin tocar apenas la cara interna de los muslos. Al llegar a las bragas me acarició sin quitármelas, mucho rato, hasta que no aguanté más. Me hice a un lado, con la idea de bajármelas yo misma. Al extender una mano para sostenerme encontré la parte de arriba del armario metálico.

Se me ocurrió apoyarme sobre el armario, de espaldas. Me levanté la falda hasta la cintura y esperé que él, tanteando, me encontrara, como efectivamente hizo. Puso sus manos, primero en mis nalgas, luego entre ellas, bajando hacia mi sexo. Le sentí a él pegándose a mi cuerpo, pero no me penetró como esperaba. Se restregaba contra mi culo, metía su miembro entre mis muslos, pero nada más. No podía estar más duro ni yo más húmeda. Me di la vuelta y me pegué a él, mi boca contra la suya.

-Y bien, qué esperas...
-Nada, sólo que me lo pidas.
-Fóllame...

Y me senté sobre el armario. Me penetró de golpe y follamos, desde luego, como si no lo hubiéramos hecho en años. Oía repiquetear algún sonido a lo lejos hasta que me di cuenta de que era uno de mis tacones golpeando contra el armario. Sudábamos a mares. Detrás de mí se cayó una caja. Nos corrimos entre gritos. A oscuras.

Me pareció oír el teléfono de mi despacho, encendí la luz, me arreglé la ropa. Me despedí de él con un beso y un guiño.

-Otro día que venga, me enseñas la sala de reuniones...


Ilustración: Barthet
Oyendo ahora esta maravilla:

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2 comentarios:

Placeres dijo...

Buena Fantasia (o realidad?).
A muchas mujeres les gusta o gustaria ser folladas en su oficina, es un placer muy femenino.
Besos y muchos ...
Placeres!!!

Humbert dijo...

me gusta. más de mi estilo, aunque me ha parecido breve. no temas alargarte.

un placer