25 de junio de 2006

La cena (1)

Después de haberme ido de mi ciudad natal hace muchos años, la casualidad quiso que hace algunas semanas tuviera que realizar un corto viaje por asuntos de trabajo que implicaba pasar allí la noche. Tomé una habitación de hotel y me planteé si ir a visitar a alguna de mis antiguas amistades; de inmediato pensé en Javier, que durante una larga etapa fue amigo, confidente y algunas cosas más. Le llamé a su móvil sin saber cómo reaccionaría; después de todo llevábamos años sin hablar, no por nada en especial, simplemente por esos desencuentros que siempre se producen cuando te vas a vivir lejos. Se alegró mucho al oírme.

-¿Que quieres que nos veamos? Claro que sí, mujer... pero una cosa, ahora estoy casado...

-¿Casado tú? Pero bueno...

-Ja ja, sí... hasta un crápula como yo a veces sienta la cabeza. Pero, ¿por qué no vienes a cenar a casa? ¡Seguro que a Clara le encantaría conocerte!

Yo no estaba tan segura como él, pero aun así acepté. Javier me dio su dirección y allí me dirigí a la hora convenida. Él estaba igual que siempre, salvo alguna canita más. Pero la que de veras me impresionó fue su mujer. Algo más joven que él, no muy alta, tampoco llamativa, pero con unas generosas curvas que invitaban a posar la vista y también las manos. Ayudaba bastante el que llevara sólo una camiseta (sin sujetador) y unos pantalones muy cortos. Sin embargo, parecía tímida. Me saludó cariñosamente (así que tú eres la famosa Anais, me dijo... me pregunto qué le contaría su marido de mí...) y me hizo acompañarla a ver el piso. Pequeño, sólo para una pareja. Me explicó que llevaban dos años casados y de momento no pensaban tener hijos. Al llegar al comedor vi la mesa ya puesta.

Nos sentamos a cenar; hacía bastante calor, y entre eso y las copitas de vino que acompañaron la cena nos pusimos los tres bastante alegres, hasta Clara pareció perder la timidez. Por debajo de la mesa notaba ocasionalmente los pies de Javier rozar los míos y alguna vez se encontraron nuestras rodillas.

Al acabar la cena, me ofrecí para ayudar a Clara a quitar la mesa, y eso hicimos entre ambas. Nos cruzamos más de una vez por el corto pasillo que llevaba a la cocina y una de esas veces, en la puerta de ésta, pasamos tan cerca que se rozaron nuestros pechos. Sentí como una sacudida, ella simplemente me sonrió casi disculpándose. Volví al salón mientras Clara ponía los platos en el fregadero.

-Sabes, Clara me ha dicho cuando te has ido al baño que le has caído muy bien.

Mientras Javier me decía esto había ido metiendo la mano por debajo de mi falda (yo estaba de pie junto a él) y ahora la subía por la cara interna de mis muslos. No le detuve, después de todo llevaba ya rato excitada, en parte recordando viejos tiempos con Javier, en parte pensando en esas formas que se adivinaban bajo la ropa de su esposa. Los pasos de ésta por el pasillo hicieron que la mano se apartara de su objetivo. Clara asomó por el umbral:

-Anais, ¿vienes un momento?

La seguí hasta el dormitorio. Una vez allí me dijo:

-Mira, sé lo que has tenido con Javier, y que sepas que no me importa. Y también me he dado cuenta de cómo me miras a mí... y tampoco me importa, ¿sabes?

Me quedé algo confusa. ¿Era una invitación? Pero ella misma despejó mis dudas: me enlazó por la cintura y empezó a besarme mientras me metía las manos bajo la blusa. Nos apartamos al oír un carraspeo desde la puerta, era Javier, que llevaba una botella de cava en la mano.

-¡Vaya, qué bien os lo pasáis! Clara, nos hemos olvidado de brindar después de la cena... Anda, se me han olvidado las copas. Bueno, no importa...

Descorchó la botella allí mismo y me la pasó para que bebiera. Buena parte del líquido me cayó por el cuello y escote. Nos echamos a reír los tres como tontos, y Javier se puso a lamerme lo que se había derramado.

-Mira cómo te has puesto, te podrías quitar la blusa, ¿no?

No tuve que quitármela, cuando me di cuenta Clara ya la estaba desabrochando.


4 comentarios:

Humbert dijo...

me parece que esa cena tuvo unos postres muy sabrosos...

espero que los disfrutemos también aquí. un placer

Dr. Strangelove dijo...

ciertamente un relato estimulante y chispeante, como ese champan compartido

Secretos de una irracional dijo...

explica la segunda parte!!!! jijiji

Anónimo dijo...

me parefce q tu lo q eres una gorda o gordo pajillero