22 de junio de 2006

Seis meses


"Cierto día, una muchacha enamorada dijo al hombre que amaba: yo también podría escribir una de esas historias que te gustan... ¿Tú crees?, respondió él.
(...) Una tarde, después de aquel «¿Tú crees?» de la primera página, y sin tener la menor idea de que encontraría un día en un catastro el apellido Réage y que se permitiría tomar prestado el nombre de pila de dos célebres desvergonzadas, Pauline Borghese y Pauline Roland, una tarde, aquella para quien hablo ahora, y con todo derecho, ya que si yo no tengo nada de ella, ella lo tiene todo de mí, y antes que nada la voz, una tarde, digo, esta joven, en lugar de coger un libro antes de dormirse, acostada con las piernas encogidas, como un perrillo, y sobre el lado izquierdo, con un lápiz negro en la mano derecha, comenzó a escribir la historia que había prometido.
La primavera estaba por irse. Los cerezos japoneses de los grandes parques parisienses, los árboles de Judea, las magnolias junto a las albercas, los saúcos al borde de los viejos terraplenes del ferrocarril suburbano, estaban sin flores. Los días no terminaban, y la luz de la mañana penetraba a horas insólitas a través incluso de las polvorientas cortinas negras de la defensa pasiva, últimos vestigios de la guerra. Pero, bajo la luz de la pequeña lámpara en la cabecera del lecho, la mano que tenía el lápiz corríaa sobre el papel sin preocuparse de la hora ni de la claridad. La muchacha escribía como se habla en la oscuridad al que uno ama, cuando las palabras de amor han sido retenidas demasiado tiempo y se derraman por fin. Por primera vez en su vida escribía sin vacilaciones, sin tregua, tachaduras ni rechazos, escribía como se respira, como se sueña."



Este fragmento de Retorno a Roissy, la segunda parte de Historia de O, podría aplicarse también a los motivos por los que yo misma empecé a garabatear palabras hace ahora seis meses, no con un lápiz negro, sino con un teclado ante una pantalla, pero en una situación parecida. Yo también escribo para que alguien concreto me lea. Hace seis meses me costaba mucho más trabajo que ahora, al principio hasta me daba vergüenza leer lo que escribía. Ahora, a pesar de que no puedo actualizar con la frecuencia que me gustaría, se me amontonan las ideas: este cuadernillo parece haber cobrado vida propia. Y yo misma también he cambiado en muchas cosas, en el lado escondido de mi vida y en el otro. Gracias a las siete mil visitas que se han acercado por aquí en estos meses, no son muchas, pero sí me gusta saber que algunos vuelven a menudo. Gracias a la gente que ha valido la pena conocer. Seguiremos conversando por aquí.

9 comentarios:

Platinum dijo...

Nunca se medirá ni se cuantificará la cantidad de sensaciones, emociones y sentimientos que transmite la palabra escrita. Afortunadamente. Sea plasmada con lápiz negro, pluma, o frío teclado. Estoy encantado de leerte. Beso. Y gracias.

Anónimo dijo...

"Seguiremos conversando por aquí..."Y que la conversacion fluya naturalmente como lo hace siempre..

XY dijo...

Te visitamos prácticamente a diario desde casi el principio... y cada vez se te disfruta más.

Saludetes desde el otro vecindario.

galilea dijo...

Sigue escribiendo, cielo... y disfrutalo, tengas las visitas que tengas.

Un besito.

Anaïs dijo...

Platinum, encantada yo también de leerte a ti. Y gracias igualmente.

Anónimo, eso esperamos. Que todo fluya...

XY, es un enorme placer saber que me seguís. Yo a vosotros también siempre que puedo.

Gali, guapetona, qué bien volver a verte por aquí. Siempre bienvenida, ya lo sabes.

Besos a todos.

Humbert dijo...

felicidades. y sé que son solamente los seis primeros meses de iniciación. ahora vendrán muchos semestres más de aprendizaje para nosotros. un placer leerte. besos.

Tinúviel dijo...
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Tinúviel dijo...

Buenas, somos muchos los que paseanmos por tu "cuadernillo" a escondidas...
Esta vez te dejare besos, me encanta como escribes.

Anaïs dijo...

Humbert, con lectores como tú da gusto. Gracias.

Tinúviel, qué bonito nick... pásate cuando quieras.

Besos.