6 de julio de 2006

El despacho

-Por favor, ¿el despacho del director?

-¿Quería usted verle?

-Sí, teníamos una cita para esta hora.

-Bien, entonces pase por aquí.

La empleada me conduce hasta la puerta de un despacho. Me anuncia y se va. El director se levanta, se dirige a mí sonriendo, me da la mano. Luego cierra la puerta con llave.

Me acompaña a un sofá, en lugar de a su mesa. Me siento en un extremo, con las piernas cruzadas. Él un poco más allá.

-Y bien, dígame cuál es el problema, ¿no la tratamos bien?

-Pues mire, la verdad es que podría mejorarse.

Me ha hablado sin mirarme la cara, en realidad se está fijando en las piernas, de las que no se puede ver mucho bajo la falda amplia. Con una seña me indica que las ponga sobre el sofá. Así lo hago, mis pies (me descalzo) quedan a escasos centímetros de sus pantalones. Lleva traje, aunque la chaqueta está en un perchero.

-Fíjese, yo creo que la tratamos inmejorablemente.

Con un dedo comienza a trazar círculos en mi pierna, al principio en los pies, alrededor de los tobillos, subiendo lentamente. Según sube el contacto se hace más firme. Al llegar a la rodilla, va levantando la falda. Desde su posición no alcanza más lejos, así que me indica que me levante.

Así lo hago, me pongo de pie frente a él. Con ambas manos continúa su recorrido hacia arriba, alternativamente por el exterior y el interior de los muslos. Una vez en las caderas, sigue el contorno de las bragas. Mete un dedo por la cintura, las baja por un lado, hace lo mismo por el otro. Finalmente tira de ellas con ambas manos. Quedan arrugadas a mis pies.

En esta postura, mi pecho queda ligeramente por encima de su vista. Introduce las manos por debajo de mi camiseta y del sujetador, me rodea los pechos con ellas, insiste con los pulgares en los pezones hasta notarlos duros. La camiseta ha quedado levantada y me la saco de un tirón. El sujetador, enrollado bajo el pecho. No me molesto en quitármelo. Él, desde abajo, estira de la cintura de la falda, que va a hacer compañía a las bragas.

Me mira desde el sofá, sonriendo, perceptiblemente excitado. Yo también le sonrío. Me agacho y le agarro de la corbata, un poco por debajo del nudo, y hago que se levante. Una vez delante de mí, le deshago el nudo de la corbata, lentamente, sin quitársela. Luego saco la camisa por fuera del pantalón y se la desabrocho, botón a botón. Entonces sí, deslizo la corbata fuera del cuello de la camisa. Juego con ella, enrollándomela en las manos. Asiente.

En la pared detrás de mí hay un aplique de luz. Me dirige hacia allí y me une las manos con la corbata, luego las ata a su vez al aplique. Aunque no me tengo que poner de puntillas, resulta incómodo. He de apoyar el culo en la pared, la posición me obliga a sacar los pechos hacia afuera. Él no duda en aprovecharlo: como antes, me los toca, pero con más fuerza, me pellizca los pezones, los mordisquea. De pronto, sin esperármelo, me pone una mano sobre el sexo, me obliga a abrir las piernas, se cuela entre ellas con manos, labios, dientes. Acabo dejándome llevar sin remedio. Creo que hasta le he manchado la camisa.

-¿De verdad cree que no la tratamos bien?

Me suelta las manos y se dirige hacia su sillón, donde se sienta. Aún lleva la camisa abierta y los pantalones abrochados, aunque a duras penas. Le sigo, me siento a horcajadas sobre él, le quito la camisa, le abro la cremallera. Levanto delicadamente el elástico del slip. Sin duda su sexo estaba esperándome, así que lo acaricio, primero con los dedos, luego con las manos, no nos olvidemos de los labios. Cuando noto que no puede más, me levanto, me echo sobre la mesa, sin cuidarme de quitar de encima los papeles. Él viene a mí, apoya las manos en la mesa a los lados de mi cuerpo. No dejamos un segundo de mirarnos. Entra y sale de mí, ansiosamente. Sudor. Gemidos.

Cuando salgo de allí, la empleada me mira con picardía.

-Buenos días, señora, vuelva cuando quiera. El director la recibirá encantado...

Imagen: Jack Vettriano

1 comentario:

Erotismo dijo...

gran post... las oficinas... ese lugar donde dejar que la imaginación y los instintos vuelen...

besos