24 de julio de 2006

Un juego nuevo (y 2)

Foto: Jean-Paul Four


l quitarle la venda, ella pudo, tras el deslumbramiento inicial, contemplar lo que tenía alrededor: una habitación grande, casi vacía, con un ventanal a un lado, y a unos metros por delante, una mujer vestida con unas medias de encaje negras, zapatos de tacón muy altos y un corsé de raso color burdeos, igual que las cintas de seda que la ataban a una reja de hierro. Tardó unos segundos en comprender que la mujer era ella misma y que se estaba viendo en un espejo, que ocupaba gran parte de la pared de enfrente. Un poco más allá, aún con la venda (también una cinta burdeos) en la mano, estaba él, desnudo y sonriente. Ella sonrió también.

Ahora vio cómo él se volvía a situar detrás de la reja, y aparecer sus manos por los lados de la cintura apretada por el corsé; acariciar el vientre, el talle ceñido y ascender hacia los pechos, que quedaban justo fuera del borde de la prenda, tomarlos primero con suavidad, gradualmente con más rudeza, amasarlos y oprimirlos; a la vez que, algo más abajo, notaba cómo el pene de él se abría paso entre sus nalgas, se deslizaba por la humedad creciente, rozando sus labios y la entrada de su vagina, mientras sentía, delicado como nunca, un beso en su cuello.

De nuevo se apartó, pero al menos ahora podía ver sus movimientos. Se puso ante ella, de rodillas, se veía en el espejo la cabeza ante su pubis, pero no se quedó ahí. Bajó más y empezó a trazar caminos con la lengua sobre sus piernas. Una, la otra, hasta las ingles. Allí se detuvo y la miró a los ojos, como preguntándole: "¿Quieres que siga?" Pero no esperó respuesta: se levantó nuevamente. Puso sus manos en los hombros de ella y, suave pero firmemente, le hizo bajar el cuerpo hasta quedar en cuclillas, con los brazos en alto. Podía verse en el espejo, así agachada, con el sexo abierto y brillante de humedad, incómoda pero excitada al límite. Él se agachó también, quedaron a la misma altura, la besó por primera vez aquella tarde, furiosamente, lamiéndole los labios, entrelazando las lenguas, mordiéndola, succionándola, como si quisiera bebérsela. Jadeante aún se levantó lentamente, agarrado a la reja, ofreciendo su pecho a los labios de ella, que besó sus músculos sudorosos y acarició con su lengua los pezones masculinos, luego, según seguía subiendo, el estómago, el vientre, hasta encontrarse el sexo.

Ella miró hacia arriba, lo vio expectante, ansioso, excitado como nunca. Abajo, a la altura de su boca, el sexo hinchado, no menos anhelante, ofreciéndose a sus labios. Ella sonrió y retiró un poco la cara: quiero que me lo pidas, decían sus ojos. Él le devolvió una mirada tierna y no se hizo de rogar más: a la primera caricia de su lengua oyó lejanos los gemidos de él, que subieron de intensidad según aumentaba la fuerza de sus besos, de sus lamidas, hasta acogerlo en su boca, acompasándose al movimiento de las caderas de él, hasta que de pronto sintió que se retiraba, la tomaba por la cintura y la hacía volver a levantarse.

Otra vez se arrodilló delante de ella, le puso las manos en la cara interna de los muslos, tanteó con los dedos en los labios de su vagina, hinchados y húmedos, los separó delicadamente y se abrió paso con su lengua. Ella tembló como sacudida por una descarga, y se sintió estremecer por un primer orgasmo: pero casi sin dejarla descansar, él continuó lamiendo el clítoris palpitante, penetrándola ocasionalmente con su lengua; tan abandonada estaba a la sensación, que no se dio cuenta de que él le había desatado los pies: repentinamente percibió que él se levantaba, la cogía por las piernas haciéndola entrelazarlas tras él y la penetraba de golpe, a embestidas; pero al poco se detuvo, la desató del todo y la hizo ponerse ante el espejo, apoyando las manos en éste y agachada con las piernas separadas.

Sintió las manos de él en sus caderas, creyó que iba a penetrarla nuevamente, pero pareció pensarlo mejor y en lugar de eso se puso a acariciarla con las manos, la espalda, el culo, las piernas, el vientre. Recorrió el surco entre sus nalgas, lo notó explorar con un dedo su rincón más íntimo, otros dedos siguieron hasta su sexo, penetrándolo suavemente al principio, más intensamente cada vez, hasta volver a explotar en un orgasmo que la dejó tambaleante, tanto que tuvo que arrodillarse: ahora estaba de perfil ante el espejo, veía a su amante ante ella. Él habló ahora por vez primera.

-Dime qué quieres...

Ella sonrió.

-Ven.

Se puso ante ella. La muchacha subió las manos por las piernas de él, llegó a su sexo, lo supo ansioso; lo tanteó con una mano, suavemente, deleitándose sabiendo que él aguantaba por ella; subió y bajó, acarició con su otra mano el glande, lo saboreó con su lengua, lo besó con sus labios.

-Ahora.

Se corrió sobre sus pechos, sobre su vientre, sobre su cara. Recogió un último resto con la lengua. Se miró de nuevo al espejo.

"Gracias por el juego nuevo".
"¿Repetiremos?"
"Cuando quieras..."


9 comentarios:

galilea dijo...

Pues... esto... que... en fin, húmeda, empapada y excitada, mmmm como me ha gustado.

Besos.

Veterinaria Igfranvet dijo...

Muy buen blog, pero no solo el contenido, la calidad de la foto, sino tambien tu comentario sobre vos misma.
Al igual que vos, doy mucha importancia al sexo.
Soy de Argentina, si te interesa hablar e intercambiar ideas, podes sacar mi dirección de mi blog.
Suerte

Maria Lasciva dijo...

mmmm a mi me ha dejado también como a galilea... espero otro nuevo juego...
besitos

Perseo dijo...

Hay que ver lo que da sí, un espejo, un zapato de tacón y unas medias.... ... y una foto.

Perseo

Pablo dijo...

cojonudo

El Señor de la Mansión dijo...

Llevo mucho, mucho tiempo leyendo tus historias tras mis ojos, Anaïs.
Al fin he terminado por mudarme a mi Mansión, donde personajes como tú me susurran sus aventuras al oído, para que yo pueda narrarlas para todos vosotros.
Me encantaría encontrar a la dama del velo, con o sin corpiño burdeos, vagando por sus pasillos.

Alejandro dijo...

No tiene que ver con tu historia esta vez. Más bien, con haber encontrado que has decidido quitarte el velo. El que ya te habías quitado en tus escritos. Te despojas de él y de todo, ahora, en la imagen que te identifica completa. Desnuda,lectora,dejando que tus sentidos y tus sentires se empapen de vida y de verano.Sintiéndote como te sientes.Presentándote aun ahí sin disfraces no solo por la desnudez sino por todo el entorno que te transmite íntegra.Así no seas tu,eres tu,porque así es como te quieres ver y como quieres que te veamos. Siéntete así si no es que ya te estás sintiendo,que es lo que creo.

Que bien por ti y por todos

Erotismo dijo...

La reina de los juegos... la amante perfecta!

Quiero probarlo!

Anaïs dijo...

Galilea, me alegro de provocarte esas humedades placenteras...

Igfranvet, gracias por tus comentarios y bienvenido.

María, espero que hayan juegos nuevos pronto... aunque con este calor se quitan las ganas de todo.

Perseo, aún da más de sí lo que se pueda imaginar con todo eso.

Pablo, escueto, eh? Gracias.

Señor, me he paseado por tus pasillos y te he abierto una puerta en mi escondite. Gracias.

Alejandro, me alegro de que te guste el cambio. Siempre un placer leer tus comentarios.

Erotismo, no sabes tú nada, ¿eh?

Besos a todos.