13 de agosto de 2006

El sofá


quella tarde había empezado siendo una de tantas: los amigos reunidos en un bar del casco antiguo, charla, copas, un rato agradable. Sin embargo, por una cosa o por otra todo el mundo se había tenido que ir antes de hora, y finalmente nos quedamos solos J y yo en el bar.

-Bueno, pues será cosa de irse a casa, te acompaño...

Nos pusimos las chaquetas y salimos a la calle, caminando tranquilamente. Él vivía algo más cerca del bar. Al pasar por una calle próxima a su casa, me dijo:


-Ah, por cierto, me acabo de comprar un sofá nuevo, y algunas cosillas para el piso. A ti te gusta la decoración, si quieres podríamos subir a verlo...


-Vale, por qué no, aún no es tarde...


Dicho y hecho, nos dirigimos a su portal. En el corto trayecto del ascensor no dijimos nada, notaba que me miraba algo más intensamente que de costumbre, y que estaba más cerca de mí de lo que requería el espacio. Le sonreí. Sabía lo que estaba pensando.


Llegamos a su piso, abrió la puerta, entramos, cogiéndome por los brazos me arrinconó contra la puerta y me besó hasta quedarnos sin aire, un beso húmedo, salvaje. Su mano intentaba subir por entre mis piernas, la detuve.


-Espérame en el salón.


Ahora sonrió él, y se dirigió obediente al salón. Yo ya conocía la casa, y me encaminé a su dormitorio. Sobre la cama estaba una de sus camisas, extendida. Me desnudé por completo y me la puse.


Regresé al salón, donde él ya me esperaba, sentado en el sofá; se había quitado la chaqueta y los zapatos. Me puse ante él, a la distancia justa para no tocarle. Me desabroché la camisa con toda la lentitud de que fui capaz, botón a botón, hasta dejarla caer al suelo.


Él me miraba con ojos de deseo. Podía apreciar su respiración agitada y su excitación creciente. Me agaché hasta quedar levemente por encima de su cabeza y acerqué un dedo a su frente, desde donde lo fui bajando por la nariz, los labios, la barbilla, el cuello. Tropecé con un botón de su camisa, lo desabroché con una mano. Otro, otro, y otro más.


Yo no le miraba, pero podía sentir sus leves gemidos cuando mis dedos rozaban su torso, y su mirada detenida sobre mis pechos.


Ya desabrochada la camisa, el siguiente paso requería acercarse más: me puse a horcajadas sobre él, le saqué la camisa, desabroché el cinturón y lo saqué lentamente de sus presillas, mirándole con picardía. Deslicé un dedo travieso entre el pantalón y su cintura. Desabroché el botón del pantalón, cogí la cremallera con la punta de los dedos, la bajé tan despacio como pude con un interminable risssss.


Me levanté de nuevo, y tomando a la vez el pantalón y el calzoncillo le quité ambos. Con las manos le hice abrir las piernas y me arrodillé entre ellas. Desde las rodillas mis manos bajaron hasta tocarle los pies, las pantorrillas, la cara interna de los muslos, la cara exterior hasta llegar al culo. El vientre.


Un dedo se acerca al sexo. Lo recorre explorándolo, sintiendo sus ligeros movimientos como si tuviera vida propia. Rodea la punta y vuelve a bajar. Acaricio los testículos y se los beso. Ahora es toda la mano la que toca, investiga, siente el calor, la suavidad, la dureza. Rodea el glande para aprenderse su textura y su forma y lo siente húmedo. Los labios se aproximan para besarlo, la lengua lo recorre para humedecerlo, se desliza suavamente en mi mano y entra dócil en mi boca ávida. Entra y sale, los dientes rozan un poquito la punta.


Los gemidos habían ido subiendo de tono, nos cubría el sudor, no habíamos dicho aún nada, pero los dos sabíamos que le deseaba dentro. Acerqué un puf que había por allí, le hice subir las piernas y me puse otra vez sobre él, pero ahora dándole la espalda, con las manos en sus rodillas. Su sexo estaba tan duro y yo tan húmeda que entró en mí casi sin más que acercarnos. Me quedé quieta un momento, disfrutando de la sensación de tenerle dentro, y empezando luego a moverme despacio, despacio, cada vez más rápido, sintiendo sus dedos clavados en mis pechos, en mis caderas, en mi culo, sintiéndonos jadear y gritar, sintiéndole correrse en mi interior.

Agotada, me tumbé sobre el sofá, mientras él se levantaba y salía del salón, para volver al poco rato llevando en la mano un pañuelo que yo tenía puesto ese día, uno de seda, alargado, que me había regalado precisamente él en mi último cumpleaños. Me lo quedé mirando sorprendida.

-No te preocupes -me dijo sonriente-. Si se estropea, te regalo otro...

Se acercó de nuevo al sofá, se sentó ante mí en el puf y con delicadeza me abrió las piernas y se inclinó para acariciar mi sexo, primero con los dedos, después con su lengua, explorando, recorriendo, tomando posesión de cada recoveco, y provocándome un respingo al sentir que lentamente, pero con decisión, me introducía el pañuelo en la vagina, algo más de la mitad; y después, ayudándose de mis flujos, recorría con sus dedos el camino que llevaba al ano, y suavemente y muy despacio metía el resto del pañuelo por allí; siguió lamiendo mi sexo, estimulándolo con labios, lengua, dedos, atento al temblor que anunciaba mi orgasmo, para sacarme el pañuelo a la vez y provocarme la más deliciosa corrida que recordaba yo en mucho tiempo.

Al recuperarme, pude verle sentado en el sofá, a mis pies, mirándome y acariciándome las piernas. Sólo entonces me di cuenta de que efectivamente el sofá era nuevo. Nuevo, pero ya bien estrenado...


Foto: Jean Paul Four

8 comentarios:

arnand37 dijo...

Cielo, tengo un sofá, un sillón, una alfombre por estrenar... excitante, delicioso...
Besox

Mi rincon secreto dijo...

Sigue asi. No sabia que con un pañuelo se podia conseguir eso... pero lo probare

Maria Lasciva dijo...

yo tampoco sabía lo del pañuelo...
besos

inerte dijo...

http://angel-y-diablo.blogspot.com/

Dios mío, yo también tengo un sofá nuevo. Necesito un pañuelo...!!
Excitante...

El Señor de la Mansión dijo...

¿Y lo de hacer pequeños nuditos traviesos en el pañuelo, que tropiezan torpemente al salir provocando abruptas interrupciones, iluminando en breves flashes la sensación de deslizarte suevemente, cayendo en el abismo?

Me ha encantado tu post, reina.

Anónimo dijo...

Seguro qu eres una gorda que se meta a dedos y no ha follado en su vida

Anaïs dijo...

Arnand, ¿pongo yo el pañuelo? Jeje. Muchas gracias por el ofrecimiento...

Rincon, ya estas tardando...

Maria, pues todo es probar, ya nos contarás.

Inerte, es facil de conseguir... Espero que cuentes algo en tu blog, ya lo sabes.

Señor, siempre se agradecen nuevas variedades. Espero su vuelta rondando los pasillos de la mansión.

Besos a todos, y...

Mi querido anónimo, ¿tienes algún problema con las gordas? Porque desde luego escribiendo sí lo tienes. Si no te gusta, no entres.

Juanjo dijo...

Excitante el relato, divertidos los comentarios y excelentes las respuestas...