2 de noviembre de 2006

La ducha


Esta tarde ya no es tan calurosa, pero el ambiente de la habitación aún está cargado de suspiros, de gemidos, de la calidez de tu aliento en mi nuca y mis labios en tu cuello. Estamos tendidos uno al lado del otro, algo cansados pero aún con la tensión del deseo en nuestros cuerpos.

Tu piel y la mía relucen de sudor y de los restos de la fiesta de la que nuestras bocas y nuestros sexos han participado. El tuyo reposa sobre tu muslo, lánguido ya. Lo miro, me gusta verlo así. Sigues mi mirada, y luego la posas sobre mis piernas ligeramente abiertas. Tu mano empieza el mismo camino, me estremezco al sentirla primero posarse en mi sexo, acariciarlo después. Hago lo mismo con el tuyo. Durante un rato sólo hacemos eso, acariciarnos mutuamente, mirándonos a los ojos.

Pero no te queda mucho rato, has de irte en un momento. Te propongo que nos demos una ducha. Te llevo de la mano hasta el baño, abro el grifo, nos metemos bajo el agua. Pongo gel en mis manos y te enjabono con ellas: cuello, hombros, brazos, pecho. Las bajo por el vientre, me agacho para frotar tus piernas. Me miras desde tu altura, recorriendo el interior de tus piernas, mi cara a escasos centímetros de tu sexo otra vez dispuesto, sonríes.

Te hago darte la vuelta y enjabono tu espalda. No sólo con las manos: ahora también con mis pechos. Me pego a ti todo lo que puedo, para disfrutar esa maravillosa sensación de los cuerpos resbalando uno contra el otro. Llevo mis manos a tus nalgas, curioseo entre ellas, te arranco suspiros. No me olvido de lavarte la cabeza, deslizando mis dedos entre tu pelo, cosquilleándote la nuca...

Es mi turno. Cierro los ojos para concentrarme en tus manos sobre mi cuerpo. Siento el contacto del gel frío, rápidamente calentado por el agua que cae como lluvia sobre nosotros y tus manos esparciéndolo por mis pechos, durante mucho rato, sopesándolos, juntándolos, jugando con los pezones endurecidos. A regañadientes los abandonas, pasas rápidamente por los hombros, la cintura y el vientre. Te siento muy pegado a mí, tu sexo se cuela sin dificultad entre mis piernas, te mueves contra mí para que lo note ya durísimo.

Me pides que me vuelva. Apoyo los brazos contra la pared de la ducha y me dejo hacer: ahora tus manos me recorren la espalda, la acarician y la masajean. Las llevas hacia delante, a los senos, bajas una de ellas hasta el sexo mientras la otra explora por detrás. No te paras ya hasta que baja la humedad entre mis piernas, y no es agua...

Nos enjuagamos bajo el chorro de la ducha, salimos de ella. Pero no te dejo coger la toalla para secarte. En lugar de eso te seco yo, dando vueltas a tu alrededor, haciéndote mover de manera que pueda llegar a todos tus rincones. La toalla es grande, también puedo ir secándome yo mientras te froto por todas partes. De cuclillas ante ti, seco tus piernas. Estamos cálidos y suaves por la ducha, y tu sexo se me antoja irresistible ante mis labios. Lo acaricio con mi lengua mientras te miro. No necesitas mucho más para quedar seco, seco del todo...



Foto: Mario Testino

9 comentarios:

Juanjo dijo...

Eso es una ducha y lo demás son tonterías.... Que mejor final para un tiempo de amor..., tiempo que siempre resulta corto... siempre hay algo más....

Natalia dijo...

Anais, me encanta leerte. Gracias.

Valeria dijo...

Tengo esa misma sensación como un recuerdo imborrable.
La descripción es perfecta.
Un saludo

Anaïs dijo...

Juanjo, es verdad, ese tiempo siempre es corto. Es buen final, y también buen principio...

Natalia, y yo encantada de que me visites. Gracias a ti.

Valeria, de esas pequeñas sensaciones se hacen los grandes recuerdos. Gracias.

Besos a todos.

Carlos dijo...

Uffff!!!!! esa ducha la quiero yo tener todos los días. Y luego secarme con mi toalla ;)

tony brochado dijo...

Me encantó!!!

Gracias!!!

Regresaste momentos...bellos

Abrazo de agua
Tony Brochado
Patagonia

arnand dijo...

Uuuuuuuuffff que ducha... una bien fría necesito yo ahora...

Anaïs dijo...

Carlos, creo que tú también sabes algo de duchas en compañía... jeje.

Tony, muchas gracias por tu comentario y un abrazo desde el otro lado del océano.

Arnand, tampoco hace falta que sea fría, no? Con lo bien que se está calentito...

Besos a todos.

TERESA dijo...

¡Que bien sienta una ducha asi de buena mañana!..bueno a cualquier hora