4 de septiembre de 2007

Hay cosas que no se olvidan...


... Y una de ellas es juntar letras en esta pequeña ventana al mundo. Pero a partir de hoy, ya no será en A escondidas. Desde este momento, buscadme aquí.

Y, si queréis ver dónde me escondo ahora, probad aquí.

2 de junio de 2007


Casi año y medio en la red, 184 entradas, 63.000 visitas... Fríos números para definir la historia de este blog en el que hoy pongo el punto y aparte. Un poco por cansancio, otro poco por falta de ilusión, un poco porque esto, que empezó siendo un regalo para alguien y ha acabado siendo mucho más, se ha colado demasiado en el lado visible de mi vida.

No sé si será definitivo; quizá vuelva dentro de un tiempo, no necesariamente aquí, puede que en otro blog donde hable de otras cosas. Tampoco desaparezco; ahí queda mi correo, y todo lo que he escrito hasta ahora, y, mucho más importante aún, queda toda la gente que he conocido gracias a este espacio; personas maravillosas y también algún indeseable, y algunos que han dejado su huella para siempre.

Un abrazo a todos y espero que volvamos a encontrarnos.

Foto: Elisabetta Moschetto

30 de mayo de 2007

Una frase


Hoy me hacía falta leer una frase como ésta. Gracias a ti que me la has enviado.

Hay personas que nos hablan y ni escuchamos,
hay personas que nos hieren y no dejan ni cicatriz,
hay personas que simplemente nos marcan para siempre.


Cecilia Meireles, poetisa brasileña






Mañana


Mañana
te esperaré en el hotel de siempre,
tendida sobre la cama,
sin llevar nada más
que esa lencería que te gusta,
con mis juguetes en la mesilla,
una sonrisa en los labios,
el deseo en todo el cuerpo,
una caricia vibrando en las manos.

¿Y tú, qué traerás?

¿Qué quieres que hagamos hoy?

Foto: Angelicatas

28 de mayo de 2007

Saberlo todo



La noche
se hizo para mirarte
mientras duermes
y admirar tu quietud, con ternura,
decirte cosas al oído,
saber que estás en paz.
Saber que amarte
es saber todo.

Manu Cáncer

Foto: Bulent Erol

22 de mayo de 2007

Bajo la piel


Ojalá pudiera llevarte tatuado...

17 de mayo de 2007

Amistades



Entre un hombre y una mujer no hay amistad posible. Hay amor, odio, pasión, pero no amistad.

Oscar Wilde, El abanico de Lady Windermere

Foto: Eugueny Kozhevnikov

12 de mayo de 2007

Sábanas de seda


Sólo hace unas horas que te has ido. Aún huelen a ti las sábanas húmedas, el aire del cuarto, mi cuerpo relajado.

Te recibí como me pediste. "Con las medias negras, depilada..." Antes de que vinieras preparé el escenario para ti. Puse sábanas de seda, esas que no uso casi nunca. Me bañé con esmero, me depilé por completo. Sábanas suaves, sexo suave. Esperé tras la puerta sin nada más encima que mis medias y unas gotas de perfume. El deseo traslucía en cada poro de mi cuerpo. Cuando te vi entrar te habría pedido que me penetraras allí mismo, en un frío pasillo, arrinconada contra la pared.

Pero la cama recién hecha era un campo demasiado tentador para desperdiciarlo: te conduje hasta él casi en volandas. Ante el lecho dispuesto me abrazaste, me besaste, sentiste toda mi ansiedad concentrada en mi lengua y en mis manos que abrían el cierre de tu pantalón para certificar tu propio deseo.

Esperé en la cama, tendida boca abajo, a que terminaras de desnudarte. Tu cuerpo sobre el mío encontró el acomodo que tan bien conoce, tu lengua en mi espalda dibujó los arabescos que me vuelven loca, tu sexo se apoyó en la entrada del mío buscando el camino que nos lleva fuera de nosotros.

-Vuélvete, quiero mirarte.

Obedezco y me vuelvo boca arriba para que tú, acomodado entre mis piernas, me explores mientras yo, con los ojos cerrados, disfruto de las sensaciones, sin saber por dónde vendrá la próxima: si me darás tus dedos para que te los lama, si tus dientes apretarán mis pezones justo hasta el límite del placer, si tu lengua bajará por mi vientre hasta ese sexo suave cuyos hinchados labios ya te esperan abiertos. Ahí te entretienes, mientras con los dedos exploras mis rincones más íntimos, tímidamente al principio, decidido después cuando sientes que no opongo resistencia. Mis dedos se entrelazan en tu pelo, mis gemidos amenazan con alarmar al vecindario, pero no quiero llegar tan lejos aún...

Te hago parar y tumbarte boca arriba y ahora soy yo la que se acomoda sobre ti, jadeando de deseo, ansiosa de hacerte tantas cosas que no sé por dónde empezar. Ofrezco mis pezones a tu lengua ansiosa, sólo para volver a quitártelos y recorrerte yo misma con mis labios, dejándote un rastro de saliva, besando, lamiendo, casi devorando. Mis pechos se encuentran con tu sexo, lo acomodan, lo acunan, lo sienten palpitante: deseoso de mi boca que ávida lo acoge, lo traga hasta donde puede, lo viste de saliva, lo deja dispuesto para el siguiente asalto: de súbito me incorporo, me arrodillo sobre la cama, cruzo los brazos sobre la almohada. Así ofrecida, tu sexo tantea mi humedad como un pincel mezclaría una acuarela, suavemente y rozando... y de pronto se clava en mí casi con violencia, hasta el fondo, arrancándome un grito... sigues entrando y saliendo, no resistes la tentación de darme unas palmadas en las nalgas que recibo con gemidos ahogados... y de pronto todo se para.

Pero no, no te has detenido. Ahora son tus dedos los que me penetran. Cuántos, no lo sé. Salen, entran, su roce y el choque con las paredes de mi vagina están a punto de enloquecerme. Llega un momento en el que no sé dónde estoy. Me corro una, dos, tres veces. Chorreando muslos abajo, empapando las sábanas de seda. No lo soporto más y a la vez querría que no acabara nunca. La almohada sofoca mis gritos y de pronto me echo a llorar de puro placer.

Durante un rato no soy dueña de mi cuerpo. Es como si fueran de otra mis movimientos, mis latidos, el río que me baja entre las piernas. A mi lado, me acaricias y me acunas, casi sorprendido a pesar de las muchas veces que me has dado esa pequeña muerte con tus manos. Vuelvo a ponerme boca arriba y te pido que me penetres de nuevo, con delicadeza esta vez, meciéndonos juntos, mirándonos a los ojos y abrazándonos. Dándonos las gracias por estos pequeños milagros.

Fotos: Angelicatas, Barbara Bodnik

10 de mayo de 2007


La distancia no siempre es cuestión de kilómetros.

Foto: Jarda Balek

8 de mayo de 2007

Vanidades


Bien, pues ya está próximo el anuncio del ganador de la Edición 2006 de los Premios 20Blogs, que tantos ríos de tinta (perdón, bytes) ha hecho correr por la blogosfera. La verdad es que este año me parece que se han lucido, con eso de que sólo puedan votar los propios inscritos (y la consecuencia inevitable de spameos, intercambios y demás), y encima, los finalistas han sido elegidos sin tener en cuenta las votaciones en cuestión, entre fuertes rumores de amiguismo por parte del jurado. En fin, estas cosas son así. Yo en su momento me presenté "a ver qué pasa", porque, de hecho, aunque me hubieran dado un premio no habría podido ir a recogerlo, pero me queda el pequeño orgullo de haber ido la primera durante unos días... cosas del orden alfabético, imagino. Mis felicidades a LadyBourbon, una de mis enlazadas, por haber conseguido estar entre los finalistas. Y a mis otros candidatos enlazados, no os preocupéis, que el año que viene lo volvemos a intentar...

Por otro lado, y hablando de vanidades, un pequeño mensajito a ciertas blogueras que se pasan por aquí... arramblando lo que pueden. La licencia Creative Commons de ahí al lado no está de adorno: si alguien quiere copiar algo de aquí en su sitio, por mí encantada, pero por favor haced constar de dónde lo habéis cogido, no como esta criatura que en dos entradas me ha copiado tres post míos. (Gracias a Copyscape por localizarla.) Que no sé si os lo enseñaron en el colegio, pero copiar está feo...


Foto: Maxim Kalmykov

4 de mayo de 2007


A veces también llueve por dentro.

3 de mayo de 2007

Lluvia


Hoy llueve.
Los días de lluvia me gustaría pasarlos encerrada contigo
sin salir de casa para nada más que lo imprescindible.
(¿y qué podría ser imprescindible cuando estás tú conmigo?)
Me gustaría ver caer las gotas tras los cristales
y mirar cómo se encierra un pequeño mundo en cada una.
Contemplar por la ventana a lo lejos
los tejados desdibujados por la niebla.
Escuchar el sonido del agua cayendo en las aceras
y el sonido de lluvia de tus besos.
A salvo, en casa y secos
y húmedos del amor que nos llovemos.



Fotos: Yuri Bonder

30 de abril de 2007


Siempre en mi mente, aunque estés lejos.


Foto: Skalabrin

26 de abril de 2007

Sin


Un día sin ti nunca es un día.
Son nada más que veinticuatro horas
con un mismo nombre,
un tiempo de labor,
una jornada,
una parte mínima del año,
la séptima porción de una semana.

Dante Bertini, amorimas

Foto: John Peri

24 de abril de 2007

Pídeme...


-Me encanta saber que siempre estás dispuesta para mí.
-Lo estoy.
-Y que siempre hagas lo que te pido.
-Me gusta mucho que me pidas cosas...
-Ahora querría pedirte algo especial...
-Dime, soy toda oídos.
-Quiero que mañana cuando te vistas te pongas falda y no lleves nada debajo. Quiero que vayas a trabajar y pases así toda la mañana. Sin llevarte las bragas en el bolso.
-Lo haré.

A la mañana siguiente me despierto algo más pronto de lo normal, con la excitación ya hormigueando en mi cuerpo. Me ducho, me pinto, abro el armario para el ritual de la elección de la ropa. Me decido por una blusa blanca y una falda gris. Como ya hace calor, prescindo de las medias. Abro el cajón de la ropa interior, echo un vistazo. Quizá hoy me habría puesto unas bragas de encaje rosa que me gustan mucho. Vuelvo a cerrar el cajón.

En el ascensor, me encuentro con mi vecino de enfrente, un hombre mayor que yo con el que suelo coincidir por las mañanas. No me cae bien. Normalmente no nos decimos más que buenos días y hoy no es una excepción. Le miro de reojo, atenta a su expresión. La misma de siempre.

Al salir a la calle me saluda un soplo de brisa. Mentalmente agradezco que la falda sea de un tejido algo pesado; tengo la impresión de llevar escrito en la frente que no hay nada bajo ese tejido. Siento la desacostumbrada sensación del roce de la tela contra las caderas; los muslos se deslizan entre sí de una forma distinta.

El trayecto hacia la parada del autobús es breve, pero esta vez lo hago a paso más ligero de lo normal, casi sin darme cuenta. Subo al vehículo, me siento con las piernas cruzadas cubriéndolas todo lo que puedo con la falda. El viaje se hace eterno, pero nadie parece notar nada.

Llego al trabajo. Sigo con la rutina de todos los días, pero a cada momento que pasa mi excitación va en aumento. Temo manchar la falda, la silla, temo que el olor a sexo se haga pronto demasiado evidente. El contacto de la piel con la tela, la humedad creciente... De vez en cuando, si no hay nadie cerca, deslizo una mano por entre mis piernas, siento la calidez del hueco entre ellas, me enciende aún más saber que está así porque él me lo ha pedido.

A mediodía se conecta al messenger.

-¿Has hecho lo que te dije?
-Así es.
-Mete una mano debajo de la falda sin que te vean.
-Lo estoy haciendo...
-¿Estas húmeda?
-Mucho.
-Quiero que me lo demuestres. Así como estás, abre las piernas bajo la mesa. Hazte una foto con el móvil y envíamela.

Miro a mi alrededor. Los compañeros están en sus puestos, aunque tan cerca que sólo con levantarse me verían. La mesa me cubre lo suficiente como para que no se aprecie nada, pero si hago una foto así no tendría luz suficiente. Muevo la silla hasta quedar parcialmente fuera de la mesa, levanto un poco la falda, hago la fotografía. Se la envío. Un instante después suena el teléfono.

-Te has portado muy bien, me encanta la foto.
-Es un placer...
-¿Quieres más placer aún?

Mientras hablamos, me levanto y me dirijo al baño, me encierro. Ahora sí, mi mano libre se cuela entre mis piernas sin ningún impedimento, llega al sexo ansioso, lo acaricia siguiendo la cadencia que me marca la voz al otro lado de la línea, voz que se vuelve jadeante a mi compás, hasta que los dos no somos más que un puro gemido. Me apoyo en la pared, agotada. Aún puedo oírle decir:
-Espero pedirte más cosas...
-Espero poder complacerte...



Foto: Patrick Mangin

23 de abril de 2007


El mayor error que puedes cometer en la vida es temer constantemente que puedes cometer uno.

Elbert Hubbard (1856-1915)

Imagen: Angrymouse, via DeviantArt

23 de abril, una rosa y un libro

Foto: Martin Kovalik

Publicidad de la editorial Szex Plaza


Aunque a mí me gustan ambas cosas cualquier día del año.

22 de abril de 2007

Si pudiera


Si pudiera
llevaría conmigo cada beso que me has dado.

Los besos más suaves como roces de pestañas
con la emoción de los labios que se acercan
el aliento que se siente
besos leves que prometen caricias ligeras como pétalos de rosa.

También me llevaría los besos largos y pausados
que me dejan al borde mismo del delirio
aprendiendo la exacta forma de tu boca
con la lengua, los labios y los dientes.

Llevaría sobre todo
esos besos que son como comernos y bebernos
esos besos que me hacen olvidarme del aliento
y que llegan directos al centro de mi cuerpo.

Pero pensándolo bien
mejor no llevarme ninguno de tus besos
mejor compártelos conmigo cada día
y dame un beso nuevo en cada beso.

Imagen: Luis Royo

17 de abril de 2007

Sin que sepas de mí


Cuando tú no estás las mañanas se tiñen de canciones tristes.

No puedo obligarte a que me quieras.
Sabe Dios que no puedo dejar de quererte.
La espina del dolor rasga mi pecho.
Sé que no te alejará la niebla de los días.
No hay un solo motivo por el que quiera olvidarte.

Seré, sin molestarte, sin que sepas de mí,
gozne que hará girar la puerta de tu sueño.
Sé que no me olvidarás.
Sé que no te olvidaré en la niebla de los días.

Seré, sin que sepas de mí.
Seré lo que yo quiera ser.
El deseo en los besos que des.
Seré lo que tú quieras ser.
Seré. Sin que sepas de mí.

El guante que cubra tu mano,
la mano que arañe tu espalda,
alfanje a tu cuerpo ceñido,
seré en tus labios su fina curva.

A tu hoguera de pavesas llego y soy bien recibido.
Bebe y llénate la copa que te ofrezco siendo otro.
No te guardo rencor porque hayas abandonado.
Sé que no te alejarás. Sé que no te alejarás.
vives tras tu muralla.

Seré, sin que sepas de mí.
Seré lo que yo quiera ser.
El deseo en los besos que des.
Seré lo que tú quieras ser.
Seré. Sin que sepas de mí.

El guante que cubra tu mano,
la mano que arañe tu espalda,
alfanje a tu cuerpo ceñido,
seré en tus labios su fina curva.

Seré trino irisado de jade,
nazarí, palabra de poeta,
alfanje bruñido en siglos,
blanco de lirios. Aljibe y agua.

Manolo García (El último de la fila)

Foto: Taras Tumanovsky

15 de abril de 2007

Lo que me gustaría hoy...


Hoy haría contigo el amor en silencio.

Sin palabras hermosas, ni vulgares. Sin susurros al oído ni gritos al viento. Dejaría que sólo mi cuerpo diga todo lo que desee: que te marque el compás el temblor de mis piernas, el vello que se eriza, las manos que se apoyan en tus manos.

Porque sé que no necesitas preguntar lo que me gusta: te lo dice mi humedad, mis gemidos, mis movimientos. Porque tú sabes cuándo parar y cuándo seguir hasta donde parece imposible.

Y cuando hayamos llegado más allá de las palabras, mis labios dejarán los tuyos para decirte:

-Te quiero.


Foto: Jim Young

Retornos del amor en la noche triste



Ven, amor mío, ven, en esta noche
sola y triste de Italia. Son tus hombros
fuertes y bellos los que necesito.

Son tus preciosos brazos, la largura
maciza de tus muslos y ese arranque
de pierna, esa compacta
línea que te rodea y te suspende,
dichoso mar, abierta playa mía.

¿Cómo decirte, amor, en esta noche
solitaria de Génova, escuchando
el corazón azul del oleaje,
que eres tú la que vienes por la espuma?

Bésame, amor, en esta noche triste.
Te diré las palabras que mis labios,
de tanto amor, mi amor, no se atrevieron.

Amor mío, amor mío, es tu cabeza
de oro tendido junto a mí, su ardiente
bosque largo de otoño quien me escucha.

Óyeme, que te llamo. Vida mía,
sí, vida mía, vida mía sola.


Rafael Alberti

11 de abril de 2007

Mira


A veces, cuando me doy placer, me gusta que me mires.

Aunque yo cierre los ojos, concentrada en mis sensaciones, siento tu mirada recorriéndome el cuerpo, imagino que mis dedos son los tuyos, pienso en cuánto te excita saber que te entrego lo que siento.

Me gusta que me pidas, que me guíes, que me lleves.

Me gusta sentir tu voz en un susurro, conduciéndome al límite, hasta hacer que me vacíe y me sienta tan llena sin embargo...


Foto: Emil Schildt

4 de abril de 2007

Primavera


Esta mañana iba por una calle céntrica, andando en dirección al trabajo y como siempre con prisas. Coches, gente y ruido. Pero delante de mí, ajena a todo eso, iba volando una mariposa. Se ha posado en la acera y me he quedado mirando sus alas rojas y negras. La primavera estaba en las alas de esa mariposa, en el olor a azahar de los naranjos de la plaza, en las flores recién abiertas en los jardines.

No sé si será la primavera, pero ahora mismo te deseo como nunca.

31 de marzo de 2007


¿Te gusta que me pinte los labios?

29 de marzo de 2007

El universo



Ayer, siguendo los vericuetos de Internet mientras buscaba otra cosa totalmente distinta, me reencontré con esta preciosa canción de Luis Eduardo Aute. Como se lo merece, dejo la canción y su letra.




La noche era una llama,
la luna estaba tierna.
Agosto era un suspiro
de cálidas estrellas.

El mar se deshacía
mojando tus caderas,
la arena entre tus labios
jugaba con mi lengua.

Y empapados de agua y luna,
enlazados cuerpo a cuerpo,
recorrimos las espumas
hasta el fin del Universo
donde nace el Universo
cuando estalla el Universo...
El Universo.

Tu piel eran chispazos
de mil aguamarinas,
tus pechos me miraban
como ávidas pupilas.

Tus muslos extendidos
tenían cierta prisa,
tu pubis era un beso
fundido en mi saliva.

Sentí que me sentías
meciéndote por dentro,
las olas eran ritmos
del mismo movimiento.

Disuelto en tus entrañas
de líquidos secretos
desentrañaba el Nudo
de Dios y su Misterio.

Luis Eduardo Aute
Foto: Kassandra

26 de marzo de 2007

Desconocidos


Desconocidos. Hasta aquella noche éramos dos desconocidos que sabían el uno del otro poco más que el nombre. Un ascensor, una puerta levemente abierta y yo tras ella.

Oí sus pasos acercarse con el corazón golpeándome el pecho, le vi cruzar el umbral sin atreverme aún a mirarle. Allí estaba, sólo una fantasía hasta unos pocos minutos antes. Esperé apoyada en la pared, con las piernas temblando.

Vino despacio hacia mí, sus manos me buscaron. Con timidez al principio, suavemente, enlazando mi cintura, recorriendo mis caderas. "¿Estás nerviosa? Yo sí..." Y era cierto, también le temblaban las piernas. Nos abrazamos, me gustó el olor de su cuerpo cálido. Le desabroché la camisa, acaricié su pecho. Deshizo el nudo de mi bata y la dejó caer por mis hombros. Nos miramos, sonreímos. "He preparado un baño..."

Le conduje de la mano hacia el baño, que había dispuesto ya, iluminado sólo por algunas velas. Allí acabamos de desnudarnos, todavía algo tímidos, y entramos en la bañera. Él se sentó dentro de ella y yo me apoyé contra su cuerpo, gozando de la sensación de dejarme resbalar contra él, contra su sexo dispuesto, mientras sus manos me recorrían ya sin miedo. Busqué por primera vez sus labios con los míos, sólo rozándolos al principio, aprendiéndolos a conciencia.

Salimos de la bañera, nos secamos ligeramente con una toalla el uno al otro y nos dirigimos a la cama. Me hizo tumbarme, tomó un frasco de aceite de masaje que había traído y se puso una buena cantidad en las manos. Cerré los ojos y esperé. Al poco noté la resbaladiza humedad, el frío que rápidamente se volvía calor, el olor vegetal del aceite. Sus dedos rodeando mis pezones, bajando por mi talle, amasando mi vientre y mis caderas. Llegando a su meta, al sexo inevitablemente húmedo, ardiendo, esperando sus dedos, cada vez más mojados y resbaladizos, del aceite, del sudor, de mi savia. Entrando y saliendo y empezando a enloquecerme. Y luego una sensación repentina como un latigazo: su lengua en mi clítoris, en mis labios, su aliento, hasta que ya no supe dónde estaba...

Pero quedaba mucha noche por delante... tendido a mi lado, le miré con más detalle, el cuerpo delgado, la cintura estrecha que me gustaba coger entre mis manos, el sexo erguido y ansioso que acaricié a mi vez con labios, lengua y senos. Penétrame, le pedí, porque a mí me lo pedía a gritos todo el cuerpo. Entró en mí con suavidad, encontramos nuestro ritmo, nos mecimos juntos sobre las sábanas como si nunca hubiéramos hecho otra cosa. Podríamos haber estado así eternamente, no importa la postura, da igual quién estaba encima, o detrás o a un lado.

Nos quedamos el uno junto al otro, dormidos a ratos. Casi al amanecer, empezó a colarse una luz gris por la ventana de la habitación. Miré su rostro relajado y besé sus labios. Respondió a mi beso como si me hubiera esperado, al principio suavemente, cada vez con más ansia, saboreándonos, explorándonos con lenguas y dientes, profunda y apasionadamente. Gradualmente se fue colocando encima, abrí mis piernas para recibirle y entró de nuevo en mí, muy despacio, sintiendo cada centímetro, cada poro, concentrados nuestros cuerpos, todas nuestras sensaciones, en su sexo y el mío, dejándonos llevar hasta el infinito mientras la mañana asomaba por la ventana...


Foto: Sergey Rizkhov

25 de marzo de 2007


Me encantan los domingos por la mañana.
(y me encanta cualquier día en que estés tú...)

21 de marzo de 2007

Contigo


Ayer venía en el coche oyendo esta canción, una de mis favoritas de Sabina. Creo que todos deberíamos conocer alguna vez en la vida un amor como el que canta aquí.

Yo no quiero un amor civilizado,
con recibos y escena del sofá;
yo no quiero que viajes al pasado
y vuelvas del mercado
con ganas de llorar.

Yo no quiero vecínas con pucheros;
yo no quiero sembrar ni compartir;
yo no quiero catorce de febrero
ni cumpleaños feliz.

Yo no quiero cargar con tus maletas;
yo no quiero que elijas mi champú;
yo no quiero mudarme de planeta,
cortarme la coleta,
brindar a tu salud.

Yo no quiero domingos por la tarde;
yo no quiero columpio en el jardin;
lo que yo quiero, corazón cobarde,
es que mueras por mí.

Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren.

Yo no quiero juntar para mañana,
no me pidas llegar a fin de mes;
yo no quiero comerme una manzana
dos veces por semana
sin ganas de comer.

Yo no quiero calor de invernadero;
yo no quiero besar tu cicatriz;
yo no quiero París con aguacero
ni Venecia sin tí.

No me esperes a las doce en el juzgado;
no me digas "volvamos a empezar";
yo no quiero ni libre ni ocupado,
ni carne ni pecado,
ni orgullo ni piedad.

Yo no quiero saber por qué lo hiciste;
yo no quiero contigo ni sin ti;
lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes,
es que mueras por mí.

Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren.

Joaquín Sabina

Foto: Shaska Zhadan

20 de marzo de 2007

Ven


Ven aquí,
vamos a volvernos locos esta noche,
derrámate entero en mi cuerpo,
quiero sentirte en mis labios, en mis pechos, en mi sexo,
lámeme, muérdeme, coge de mí lo que quieras.

No me pidas permiso, no me pidas perdón.
Porque cuanto más te doy más entera me siento.


Foto: Gella

15 de marzo de 2007


Echo de menos tus gemidos...

Foto: Aleksey Nikishin

7 de marzo de 2007

De por aquí


Ya hace unos cuantos añitos, una persona que por aquel entonces estaba muy cercana a mí me habló de la obra de un autor que yo no conocía: Vicent Andrés Estellés, nacido en Burjassot (Valencia), prolífico poeta y periodista, que escribía en catalán, en un lenguaje muy cotidiano y sobre temas también cotidianos, con una especial atención al sexo. Reproduzco aquí uno de sus poemas y su traducción, en la que tendréis que perdonarme los errores que pueda haber (se admiten correcciones).

No hi havia a València dos amants com nosaltres.
Feroçment ens amàvem del matí a la nit.
Tot ho recorde mentre vas estenent la roba.
Han passat anys, molt anys; han passat moltes coses.
De sobte encara em pren aquell vent o l'amor
i rodolem per terra entre abraços i besos.
No comprenem l'amor com un costum amable,
com un costum pacífic de compliment i teles
(i que ens perdone el cast senyor López-Picó).
Es desperta, de sobte, com un vell huracà,
i ens tomba en terra els dos, ens ajunta, ens empeny.
Jo desitjava, a voltes, un amor educat
i en marxa el tocadiscos, negligentment besant-te,
ara un muscle i després el peço d'una orella.
El nostre amor es un amor brusc i salvatge
i tenim l'enyorança amarga de la terra,
d'anar a rebolcons entre besos i arraps.
Què voleu que hi faça! Elemental, ja ho sé.
Ignorem el Petrarca i ignorem moltes coses.
Les Estances de Riba i les Rimas de Bécquer.
Després, tombats en terra de qualsevol manera,
comprenem que som bàrbars, i que això no deu ser,
que no estem en l'edat, i tot això i allò.
No hi havia a València dos amants com nosaltres,
car d'amants com nosaltres en son parits ben pocs.


No había en Valencia dos amantes como nosotros.
Ferozmente nos amábamos de la mañana a la noche.
Todo lo recuerdo mientras tiendes la ropa.
Han pasado años, muchos años; han pasado muchas cosas.
De súbito aún me toma aquel viento o el amor
y rodamos por el suelo entre abrazos y besos.
No comprendemos el amor como una costumbre amable,
como una costumbre pacífica de cumplidos y telas
(y que nos perdone el casto señor López-Picó).
Se despierta,súbitamente, como un viejo huracán,
y nos tira por el suelo a los dos, nos junta, nos empuja.
Yo deseaba, a veces, un amor educado
y en marcha el tocadiscos, negligentemente besándote,
ahora un hombro y después el lóbulo de una oreja.
Nuestro amor es un amor brusco y salvaje
y tenemos añoranza amarga de la tierra,
de ir a revolcones entre besos y arañazos.
¡Qué queréis que haga! Elemental, ya lo sé.
Desconocemos a Petrarca e ignoramos muchas cosas.
Las Estancias de Riba y las Rimas de Bécquer.
Después, tumbados en el suelo de cualquier manera,
comprendemos que somos bárbaros, y que eso no debe ser,
que no estamos en la edad, y todo eso y aquello.
No había en Valencia dos amantes como nosotros,
pues amantes como nosotros pocos son paridos.


¿Te gustaría a ti que fuéramos como los amantes del poema?


Foto: Norbert Guthier

4 de marzo de 2007




Hoy, para ti.
Como siempre.

Foto: Alois

2 de marzo de 2007


¿Quieres saber lo que hay tras la puerta?
Entra sin llamar, está abierta para ti...

28 de febrero de 2007

Tuya



la que soy hoy
la de mañana

la mujer salvaje
la delicada

lo que enseño y lo que escondo
lo que digo, lo que hago
lo que escribo y lo que siento

en cuerpo, voz y pensamiento
toda tuya, toda entera

así me doy a ti
así te quiero.

Foto: Pascal Renoux

23 de febrero de 2007

Una frase de esas que se suelen decir a menudo y que normalmente resulta ser un topicazo es la que reza que los peores enemigos de las mujeres son las propias mujeres. Pero a la vista de artículos como este, aparecido hace unas semanas en la revista XL Semanal, y cuya autora es Carmen Posadas, no sabría yo qué decir. Reproduzco algunos fragmentos:

Para nosotras, la Johansson no es más que una gordita sin más atractivo que unos labios (demasiado bembones para mi gusto) unas caderas (anticuadamente redondas) y un aire general de niña buena como el de la vecinita de enfrente. Para ellos, en cambio –y cito textualmente la respuesta más habitual–, es “puro sexo”.
Vaya por delante que no es que la Johansson me parezca la mujer más bella que se puede ver actualmente por las pantallas, pero desde luego yo no la etiqueto de "gordita". De verdad, señora Posadas, ¿a usted esta chica le parece gorda?


Entonces, en su opinión yo debo ser algo así como la Venus de Willendorf, ¿no? Más adelante, el artículo sigue:

Y es que, rindámonos de una vez a la evidencia, los hombres, todos, las prefieren redondas, por no decir gordas. Sin embargo, tan mediatizados estamos por la tele y las revistas, que pensamos que los cánones de belleza son lo que vemos en las pasarelas (...) Mientras tanto, nosotras, las mujeres normales, hemos creado otros modelos a los que deseamos parecernos, esencialmente de dos tipos, diría yo.

Esto me hace gracia. Usted es una mujer normal, ¿las "gorditas" no? ¿En serio que a todos los hombres les gustan llenitas? Va a ser por eso que las modelos de pasarela talla 36 no se comen un rosco las pobres, ¿no? En fin, para rematar la jugada, continúa:

...he buscado consuelo y explicación a este desencuentro estético en la Antropología. Y lo he encontrado. Según esta rama de la ciencia, el hecho de que los hombres se sientan atraídos por una mujer para mí tan poco atractiva, tiene una clara razón: por mucho que las modas intenten desviar los gustos, el mandato biológico es más fuerte. Y ese mandato hace que ellos se sientan atraídos por las hembras que (creen) pueden portar mejor su semilla. (...) A nosotras, por nuestra parte, nos atraen los machos más fuertes y –ojo al dato– los más infieles. ¿Por qué? Porque el mandato genético hace que los machos más atractivos sean los que procuran cubrir al mayor número de hembras posibles y extender así su estirpe. Total, que por muy sofisticados y superferolíticos que nos hayamos vuelto, por mucho avance de la humanidad en los terrenos de la ciencia o de la tecnología, resulta que lo que un sexo busca en el otro es lo mismo que buscaba hace millones de años: gorditas y machotes.
Pues mira qué pena, tantos siglos de evolución para que resulte que los que siguen cortando el bacalao hoy en día sean "gorditas y machotes". Ya veis, todas luchando contra los michelines para que luego resulte que las gordas sean las que se llevan el gato al agua. Qué queréis que os diga: creo que resulta una generalización demasiado de brocha gorda, valga el mal chiste. Y a vosotros, ¿qué os parece?

18 de febrero de 2007

Despertar


Nada me gusta más que despertarme con tu mano en mi cintura y tu voz en mi oído...


... y empezar el día besando, acariciando, llenándome de ti, amor...




Fotos: Pascal Renoux

16 de febrero de 2007

No te salves


Dejo aquí un nuevo poema que me envía otro de mis visitantes (gracias Pablo). Al final me vais a hacer todo el trabajo...




No te quedes inmóvil al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca.

No te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo.

Pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.

Mario Benedetti


Ya te he dicho...


... que me encantan las corbatas, ¿verdad?


14 de febrero de 2007

Amor condusse noi ad una morte


Un lector habitual de este escondite me remite el poema que sigue. Espero que os guste tanto como a mí.

Amar es una angustia, una pregunta,
una suspensa y luminosa duda;
es un querer saber todo lo tuyo
y a la vez un temor de al fin saberlo.

Amar es reconstruir, cuando te alejas,
tus pasos, tus silencios, tus palabras,
y pretender seguir tu pensamiento
cuando a mi lado, al fin inmóvil, callas.

Amar es una cólera secreta,
una helada y diabólica soberbia.

Amar es no dormir cuando en mi lecho
sueñas entre mis brazos que te ciñen,
y odiar el sueño en que, bajo tu frente,
acaso en otros brazos te abandonas.

Amar es escuchar sobre tu pecho,
hasta colmar la oreja codiciosa,
el rumor de tu sangre y la marea
de tu respiración acompasada.

Amar es absorber tu joven savia
y juntar nuestras bocas en un cauce
hasta que de la brisa de tu aliento
se impregnen para siempre mis entrañas.

Amar es una envidia verde y muda,
una sutil y lúcida avaricia.

Amar es provocar el dulce instante
en que tu piel busca mi piel despierta;
saciar a un tiempo la avidez nocturna
y morir otra vez la misma muerte
provisional, desgarradora, oscura.

Amar es una sed, la de la llaga
que arde sin consumirse ni cerrarse,
y el hambre de una boca atormentada
que pide más y más y no se sacia.

Amar es una insólita lujuria
y una gula voraz, siempre desierta.

Pero amar es también cerrar los ojos,
dejar que el sueño invada nuestro cuerpo
como un río de olvido y de tinieblas,
y navegar sin rumbo, a la deriva:
porque amar es, al fin, una indolencia.

Xavier Villaurrutia

Foto: Jean Jacques André
Recordando el primer día.

Para los que lo celebren

Amor no es mirarse el uno al otro, sino mirar los dos en la misma dirección.
Antoine de Saint-Exupéry









Felicidades a todos los que estáis enamorados...













... y dobles felicidades si, además, sois correspondidos.

12 de febrero de 2007

Va de memes...


Desde el Diario de Humbert me llega un nuevo meme, que no puedo dejar pasar porque está relacionado con una de las cosas que más me gustan en la vida: los libros. Así pues, pongo manos a la obra y sigo sus instrucciones, que Humbert ha modificado ligeramente para la ocasión:

1.- Toma el libro que tengas más cercano.
2.- Ábrelo por la página 123.
3.- Deja pasar las 4 primeras frases.
4.- Anota las 5 siguientes.
5.- Publícalas en tu blog o en los comentarios de este.

Con lo cual nos queda algo así:

Percibía todas las cosas con una helada exactitud tras la que se vislumbraba algunas veces la naturalidad con que es posible deslizarse hacia la locura. Aprendió que para quien pasa mucho tiempo solo en una ciudad extranjera no hay nada que no pueda convertirse en el primer indicio de una alucinación; que el rostro del camarero que le servía el café o el del recepcionista a quien entregaba la llave de su habitación eran tan irreales como la presencia súbitamente encontrada y perdida de Lucrecia, como su propia cara en el espejo de un lavabo.
Nunca dejaba de buscarla y casi nunca pensaba en ella. Del mismo modo que a Lisboa la niebla y las aguas del Tajo la aislaban del mundo, convirtiéndola no en un lugar, sino en un paisaje del tiempo, él percibía por primera vez en su vida la absoluta insularidad de sus actos: se iba volviendo tan ajeno a su propio pasado y a su porvenir como a los objetos que lo rodeaban de noche en la habitación del hotel. Tal vez fue en Lisboa donde conoció esa temeraria y hermética felicidad que yo descubrí en él la primera vez que lo vi tocar en el Metropolitano.

¿El autor y la obra? Bueno, una variación del meme podría consistir en adivinarlos. Valga como pista que el autor es español y está casado con otra escritora. Esta vez no le paso el marrón a nadie; quien quiera recibirlo es bienvenido.

Foto: Dusia Sobol


Te estoy esperando...
no tardes.


Foto: Niko Guido