29 de enero de 2007

Cuartos de hotel

Hoy, por fin, voy a encontrarme contigo.

De camino hacia aquí no sé si siento más los nervios o la excitación. Sólo llevo un vestido, no quiero poner ningún obstáculo a tu deseo.

Me has mandado un mensaje con el número del cuarto. Llego y encuentro la puerta abierta, entro y la cierro tras de mí. Ya no hay vuelta atrás, nos miramos un largo momento, tenemos que acomodar la realidad a nuestros sueños. Tu mirada me golpea entre las piernas como siempre lo hacen las palabras. El aire de la habitación no se interpone entre nosotros, es el cómplice de los deseos. No puedo hacer otra cosa que gemir cuando me abrazas como si nos fundiéramos, cuando tus manos me tocan toda como si me aprendieran, cuando me besas como si te bebieras mi boca.

La ropa ya no nos impide ver los cuerpos. Me haces ponerme ahí, en el centro de la habitación. Me rodeas y me miras. Tengo conciencia de cada centímetro de mi cuerpo, de los vellos erizados, del sudor de los pliegues, de los pezones erectos y del sexo empapado. Ahora estás detrás de mí, las manos en mis pechos. Los coges, los acaricias. Muero por sentirte lamerlos. Muero por tener dentro esa carne que insolente busca el camino entre mis nalgas.

Me haces tenderme en la cama, cierro los ojos para sentirte. Tus labios, tu lengua, tus manos, tu sexo, explorando el terreno que antes imaginaron. Ahora un toque ligero como una mariposa, ahora todo tu peso sobre mi cuerpo. Debajo de mí, la sábana está toda humedecida, de mi sudor y de mis flujos. Trazas todos los caminos del placer sobre mi piel, pero aún no te acercas a tu destino. No llevo la cuenta de las veces que he gozado, quién hace cuentas cuando se lo están dando todo.

Pero necesito más. Me pides que me siente en la cama, para poder ver como tu lengua se pierde entre mis muslos, cómo saborea la humedad que hay entre ellos, cómo me da lo que ansío sólo con tocar un poco mi sexo enardecido. Enloquezco con tu boca, te miro suplicante. Quiero tenerte dentro. Quiero enlazarte con mis piernas y que me mires a los ojos mientras te das a manos llenas. Arriba, abajo, dentro, fuera. Empapados y ansiosos, exhaustos y satisfechos. En este hotel que quizá no exista, pero que ya es el lugar donde refugiar las ganas que nos llenan.

Imagen: Ludovic Goubet

3 comentarios:

Alvaro dijo...

En cuestión de refugiar el deseo, el lugar es lo de menos. Nosotros, por ejemplo, lo hacemos en el agua.

Saludos desde alli.

Julián Sorel dijo...

entre cuatro paredes
antes
mucho antes
de llegar
y aún
cuando has venido
o has llegado
o has dejado
de venir

entre esas cuatro paredes
sólo puedo
sentir
la piel
humeda
que me aguarda....


Un beso

Julián Sorel

venus dijo...

Mmmmmmmmm leer este relato me acaba de venir a la memoria, mi ultimo encuentro.

Senti todas las sensaciones mientras te leia, su elngua, mi sexo empapado, mis pezones erectos....

Vaya estimulación.

Besos placenteros