26 de marzo de 2007

Desconocidos


Desconocidos. Hasta aquella noche éramos dos desconocidos que sabían el uno del otro poco más que el nombre. Un ascensor, una puerta levemente abierta y yo tras ella.

Oí sus pasos acercarse con el corazón golpeándome el pecho, le vi cruzar el umbral sin atreverme aún a mirarle. Allí estaba, sólo una fantasía hasta unos pocos minutos antes. Esperé apoyada en la pared, con las piernas temblando.

Vino despacio hacia mí, sus manos me buscaron. Con timidez al principio, suavemente, enlazando mi cintura, recorriendo mis caderas. "¿Estás nerviosa? Yo sí..." Y era cierto, también le temblaban las piernas. Nos abrazamos, me gustó el olor de su cuerpo cálido. Le desabroché la camisa, acaricié su pecho. Deshizo el nudo de mi bata y la dejó caer por mis hombros. Nos miramos, sonreímos. "He preparado un baño..."

Le conduje de la mano hacia el baño, que había dispuesto ya, iluminado sólo por algunas velas. Allí acabamos de desnudarnos, todavía algo tímidos, y entramos en la bañera. Él se sentó dentro de ella y yo me apoyé contra su cuerpo, gozando de la sensación de dejarme resbalar contra él, contra su sexo dispuesto, mientras sus manos me recorrían ya sin miedo. Busqué por primera vez sus labios con los míos, sólo rozándolos al principio, aprendiéndolos a conciencia.

Salimos de la bañera, nos secamos ligeramente con una toalla el uno al otro y nos dirigimos a la cama. Me hizo tumbarme, tomó un frasco de aceite de masaje que había traído y se puso una buena cantidad en las manos. Cerré los ojos y esperé. Al poco noté la resbaladiza humedad, el frío que rápidamente se volvía calor, el olor vegetal del aceite. Sus dedos rodeando mis pezones, bajando por mi talle, amasando mi vientre y mis caderas. Llegando a su meta, al sexo inevitablemente húmedo, ardiendo, esperando sus dedos, cada vez más mojados y resbaladizos, del aceite, del sudor, de mi savia. Entrando y saliendo y empezando a enloquecerme. Y luego una sensación repentina como un latigazo: su lengua en mi clítoris, en mis labios, su aliento, hasta que ya no supe dónde estaba...

Pero quedaba mucha noche por delante... tendido a mi lado, le miré con más detalle, el cuerpo delgado, la cintura estrecha que me gustaba coger entre mis manos, el sexo erguido y ansioso que acaricié a mi vez con labios, lengua y senos. Penétrame, le pedí, porque a mí me lo pedía a gritos todo el cuerpo. Entró en mí con suavidad, encontramos nuestro ritmo, nos mecimos juntos sobre las sábanas como si nunca hubiéramos hecho otra cosa. Podríamos haber estado así eternamente, no importa la postura, da igual quién estaba encima, o detrás o a un lado.

Nos quedamos el uno junto al otro, dormidos a ratos. Casi al amanecer, empezó a colarse una luz gris por la ventana de la habitación. Miré su rostro relajado y besé sus labios. Respondió a mi beso como si me hubiera esperado, al principio suavemente, cada vez con más ansia, saboreándonos, explorándonos con lenguas y dientes, profunda y apasionadamente. Gradualmente se fue colocando encima, abrí mis piernas para recibirle y entró de nuevo en mí, muy despacio, sintiendo cada centímetro, cada poro, concentrados nuestros cuerpos, todas nuestras sensaciones, en su sexo y el mío, dejándonos llevar hasta el infinito mientras la mañana asomaba por la ventana...


Foto: Sergey Rizkhov

6 comentarios:

TERESA dijo...

Que encuentro mas bonito...
Casi lo he podido vivir,dime,
bajaste la persiana para que la oscuridad de la noche que os envolvia, no se escapara por ella...y poder quedaros asi.

mireias32 dijo...

Es muy bonito que un hombre reconozca antes que nada sus debilidades, eso los hace mas fuertes
Besos de martes
Lady Bourbon

Valeria dijo...

Desconocidos solo durante los primeros minutos... la noche dió de sí para terminar conociéndoos perfectamente.
Un beso, Anäis

Lara dijo...

¡Qué encuentro tan morboso! Me pareció verlo... casi vivirlo ;)
Besos.

Ona36 dijo...

He vivido muchos encuentros como este, y lo describes perfectamente. Pero querida Anaïs, el después para mi siempre es duro. Cuesta tanto encontrar a la persona con quien compartir esas sensaciones, que cuando por fin sientes así cuesta volver a casa y sentirte sola. Solo pienso, cuando será la próxima vez que los planetas me envien una estrella? Besos cariño

Kevin dijo...

Parece salido del manual sagrado de la seduccion pero en preciosa prosa. Suave como la buena seduccion, directo como el buen sexo, real como desgraciadamente tan pocas veces ocurre; porque para que esta maravilla ocurra hacen falta dos almas encarnadas en sincronismo.
Besos y abrazos